«Mar de Iroise», de Diego Medina Poveda —Diputación de Málaga (Puerta del Mar)—

Un faro. Es eso todo lo que andamos pidiéndole a la vida. Un algo al que aferrarnos para poder fluir y sentirnos capaces de algo tan nimio (y a veces tan trabajoso) como es vivir. Pero en ocasiones para hallarlo debemos atravesar mares embravecidos y llegamos a intuir que es una batalla imposible o, por lo menos, tenemos dudas de poder sobrevivir a ella. Así les ocurre a los marinos que navegan el Mar de Iroise en la Bretaña, así nos ocurre cuando la muerte o la enfermedad sacude de raíz nuestra existencia y así también puede resultarnos la experiencia creativa de la poesía. Marinos que no se dan por vencidos, muertes inoportunas y desarraigo son los tres temas sobre los que se apoya «Mar de Iroise» de Diego Medina Poveda (Colección Puerta del Mar) [*], un poemario escrito con sangre y rabia pero que despierta en nosotros, por la textura de su voz, un hálito de esperanza, como esas cruzadas que sabemos utópicas pero igualmente tentadoras. Una voz lírica que bebe en la poesía simbolista para tomar de ella la necesidad de centrar las imágenes en el mundo onírico y de construir un epigrama del deseo, pero que da un paso al costado para volcarse por la dulzura y la uniformidad de los trazos. Un libro que recomiendo y al que sin duda volveré tan pronto como pueda.

La extranjería del suelo y del lenguaje

«Mar de Iroise» se abre con un prólogo exquisito de José Ramón Trujillo, que ha sabido decir sobre él lo que mi voz no podrá. Entre sus excelentes afirmaciones me he encontrado escudriñando la naturaleza de la obra en la que memoria y pérdida son hilos conductores, y he coincidido profundamente en esa idea de que se trata de una conversación no sólo entre un hijo y su padre sino también entre el poeta y su tierra. Y algo más: no estamos frente a una escritura que se presenta como una afirmación estética sino como una necesidad, la poesía como respiración. Pienso que es muy acertado pensar este libro de ese modo, como una respiración, como un largo inspirar y espirar mediante el cual la palabra adquiere cuerpo y se transforma en poema.

Faros y niebla son las dos corrientes que empujan la poesía hacia delante, como base de la argamasa de poemas que reivindican la fuerza vital del lenguaje que trasciende las fronteras y que puede servir para posicionarse ante la realidad de una forma única, es decir, propia. Luces y sombras que se van acomodando en una estructura que se divide en cuatro partes que podríamos mencionar a grandes rasgos como la extranjería (que es la mirada entre dos mares), la infancia (que acompaña por siempre la memoria), el oficio de la escritura (que es hacer del presente algo valioso) y la ausencia (donde la muerte del padre marca un antes y un después en la propia vida). Todas ellas atravesadas por la experiencia poética que propulsa la pérdida y que se funde en negro en ciertos poemas y en otros, llega a desprender una chispa de luz.

Partiendo de esa base nos vamos abriendo camino en una lectura llena de bifurcaciones con una fuerza imponente sobre la memoria y su lazo sobre el oficio literario, tal cual encontramos en poemas como «Me desdigo» donde el poeta juega con su doble literario y quiere a toda costa ser él, convertirse en esa sombra que se proyecta sobre el papel y que sueña con poder alcanzar, a fuerza de intentarlo.

¿Acaso escribir no es un empeño que parece imposible-inhabitable? Esa pregunta también se proyecta en «Mar de Iroise» y se aparece con una feliz similitud a la experiencia de la extranjería: cuando tomas la decisión de irte crees que ganas una patria, pero lo que en realidad ocurre es que pierdes las dos. Lo mismo cuando escoges diseñar tu propio camino. Lo mismo cuando la pérdida avanza, sobre la vida. Y sin embargo, allí está la escritura como tirita que se fija sobre la distancia que imponen muerte y extranjería y da alivio. La escritura que permite al poeta pensar y hablar con su padre en un libro emotivo y tierno.

Un niño que habla con su padre y su destino, dice Trujillo. Efectivamente, a grandes rasgos este libro es una larga conversación paternofilial. No obstante, en ese diálogo, el poeta más que centrarse en la pérdida de su progenitor, intenta ir más allá e indagar sobre el porqué del destino del desarraigo, en las posibles tensiones hereditarias que fueron empujando su cuerpo a otra orilla. La extranjería adquiere así un matiz sumamente interesante, porque parece necesario torcer la mirada para entenderla. En poemas como «Caminante de una orilla», «Rutinario de tinieblas» y Metafísica del círculo», pienso que se aprecia especialmente esta visión. Y me gusta especialmente la conexión entre pérdida de patria y padre, como imágenes que conducen a la extrañeza desde la que se funda el desconcierto que aparece en la mayoría de los poemas.

Extranjero en el viaje, así podría definirse la voz poética de este libro. El hombre, que se halla a la intemperie a causa de la muerte y de la vida de forastero, se pone de pie y corre en busca de la infancia, de los patios, del color de una ciudad más amorosa. Y en esa búsqueda la extrañeza adquiere una nueva dimensión, y cobra sentido, como si ese romperse en mil partes que exige la extranjería sirviera para entender la muerte, aunque no sea del todo cierto.

Asimismo, esa experiencia permite entender la propia vida como un círculo, que no la repetición de la experiencia de los antepasados en uno, sino la construcción urobórica de experiencias que se asientan en la duda, en la larga pregunta que no puede responder la poesía, pero lo intenta. En esas imágenes de la duermevela en la que todo parece posible, como luminosa es la luz de un faro en medio de la niebla.

Construcción desde la memoria para el futuro

Es éste también un libro en el que Medina explora los caminos posibles del oficio poético. Y, partiendo de la simple forma de dar vida (amasando, tejiendo, acariciando) en lo cotidiano y de la creación que surge de un lenguaje que no existe, intenta dar con una mirada amplia que ayude a comprender el golpe. Así, desde esa nada-palabra crece algo que hace las veces de luz en medio de la tristeza y que calma los impulsos ciclotímicos del alma. La poesía como oficio que ayuda a equilibrar la intensidad que supone toda experiencia vital. La palabra que debe ser amasada al sol para cobrar una forma única, que sirva de rescate, de faro.

Y en esa construcción se vuelve fundamental definir lo que la sangre es. Tanto como rasgo hereditario (la voz del padre y la mirada de una ciudad que es «la memoria antigua») como ineludible sustrato que permite la existencia (la certeza de tener algo factible de ser transformado). Sangre y vida son también dos elementos centrales del poemario, que cuando no están directamente se aparecen de forma sutil para dejar en evidencia la materia de la que todo el libro se encuentra construido, amasado sería más preciso.

En este punto cabe señalar aquellos poemas que apuestan por una lucidez cetrina en el amor, como algo que llega sin buscarlo y que parece darle sentido a las cosas, aunque siempre acompañado de una sombra que se posa sobre la experiencia. Ese amor que no entendemos y que no sirve la poesía para explicarlo, pero que, parece movernos a continuar creyendo, como si algo nos dijera que merece la pena (sólo) intentarlo. En ese sentido, contamos con poemas como «La libertad recobrada», «De tus arterias brotan» y «El amante», en los cuales, además, se filtra un sutil erotismo que, aunque casi invisible, tiene una fuerza y una claridad que me ha deslumbrado.

El sueño

Y llego a este punto que es uno de los más potentes del libro: la presencia del sueño en la vida. El poeta vislumbra la llave, que permite una comprensión diferente de la historia y del universo; como ese druida que veía Jung, que nos permite vislumbrar un nuevo vértice de algo que ha estado siempre ahí frente a nosotros pero que hasta que no nos ocurre algo muy asombroso o espeluznante no somos capaces de captar. Y aunque son muchos los poemas que permiten entender esta experiencia mitad realista mitad simbólica me es imposible no nombrar tres que son los baluartes de todo el libro: «Ciclotimia», «Permanencia de la imagen» y «El amante», donde la experiencia poética fluye al ritmo propio de la vida, con la esperanza de volar siendo pájaro pero la certeza de que más importante que estirar las alas y aprender a danzar en el aire es alimentar una férrea valentía que nos ayude a ponernos de pie después de las caídas.

Es el sueño, por tanto, germen de muchos poemas, que me han llevado inevitablemente a esa Pizarnik que se rompe los ojos por la rosa, fascinada también por los simbolistas. Esa forma creativa que exige un desprendimiento absoluto de la realidad para ir más allá, para tomar del sueño lo que sueño no es y construir una estructura sólida donde símbolo y palabra se fundan y den nuevo significado a la poesía se puede apreciar claramente en esta lectura. Y también, el oficio que nos obliga a entender ese estrecho lazo entre vida y sueño, que tan bien describió Calderón, y nos impulsa a abrazar los enigmas del deseo, que habita más allá de (y pese a) nosotros. Sobre esa ilusión (donde el sueño es conciencia) se construyen los poemas de este maravilloso libro.

Vivir. Esa es la experiencia poética. No hay otra vida que permita la escritura. Y en esa experiencia resulta alumbradora la extranjería, que comienza como la búsqueda de un faro y deriva en la necesidad de unir pasado y presente, por muy diversas que sean las orillas y por mucho dolor que nos encontremos a nuestro paso. Y vuelvo al padre, a la conversación extendida a lo largo de estas paginas. El padre como imagen-compañía que anula la experiencia de la extranjería al convertirse en «orilla del habla y del silencio», ¿a que resulta bonito el giro vital y poético?

Usando la llave del sueño como hilo conductor, Diego Medina Poveda nos regala con «Mar de Iroise» un libro intenso y doloroso pero también lleno de luz.

¡Lean «Mar de Iroise» para encontrarse con una poesía que no debe (ni puede) ser conducida, nacida del deseo de trascender a la herencia!

 
 

MAR DE IROISE
Diego Medina Poveda
Diputación de Málaga
Colección: Puerta del Mar
978-84-778599-0-1
104 páginas
6,01 €
 
 

 

 


* Si les ha interesado el libro (que espero que sí, porque eso significa que nos hemos entendido) no se pierdan la presentación que tendrá lugar en Málaga, el viernes 2 de febrero a las 19.30, en la Sala de Conferencias del Centro Cultural María Victoria Atencia (Calle Ollerías, 34).




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