
Difícilmente el nombre de José Saramago se quedaría fuera en una discusión sobre alta literatura. Sin embargo, es uno de esos escritores que en el impacto lector provoca experiencias muy diferentes. Sus novelas nos gustan por cosas distintas a cada lector. Probablemente esto tiene que ver con su manera de construirlas. En su caso no se nota la intención de mostrar realidades llamativas o conflictos extraordinarios; su gran potencial consistió en plantear realidades aparentemente reconocibles poniendo en ellas detalles que provocan inestabilidad y que producen una extrañeza y un aluvión de preguntas sobre nuestra propia realidad. En el aniversario de su fallecimiento (18 de junio), nos gustaría recomendarte su obra y esa capacidad suya de desconfiar y hacernos desconfiar.
La sospecha, la ceguera y el compromiso estético
Si tuviéramos que elegir un rasgo característico de la obra de José Saramago probablemente estaría cerca de la desconfianza. Una de sus peculiaridades es que no se trata de una desconfianza orientada a la negación del mundo o al nihilismo, sino hacia la pregunta, la convicción de que todo aquello que consideramos natural, en realidad responde a una serie de decisiones históricas y culturales. La democracia, la identidad, la religión, la familia, la muerte… nada escapa a su interrogación.
Sus novelas parten siempre de una pregunta, que suele ser absurda. ¿Qué ocurriría si una epidemia de ceguera afectara a toda una población? ¿Qué pasaría si la muerte decidiera suspender su trabajo? ¿Y si una mayoría de ciudadanos votara en blanco? El punto de partida suele ser sencillo, pero le sigue todo un trabajo de pensamiento y forma que los vuelve tremendamente filosóficos y nos invita a mirar mejor lo que en teoría ya conocemos. Para Saramago la certeza, la costumbre, son formas de ceguera.
En esa forma de sospecha hay un claro compromiso estético, que se aplica al tratamiento de los temas pero también a la forma. La intención de hacer preguntas sobre una realidad que parece no aceptarlas. Donde todos asumen hechos inevitables, Saramago ve el resultado del comportamiento humano; allí donde los demás justifican determinados acontecimientos como el resultado de leyes naturales, él señala convenciones. De este modo, va trabajando con una forma de pensar que se sale de la norma, aprovechando una gran creatividad para poner de cabeza nuestras convicciones e invitarnos a hacernos las preguntas difíciles.

La única manera de mejorar el mundo es pensándolo de otra manera
«Todos los nombres» y «Ensayo sobre la lucidez»
Si tuviéramos que elegir dos novelas que articulen esta forma de contar historias, serían Todos los nombres y Ensayo sobre la lucidez, seguramente también sus dos obras maestras. Hay en ambas una exploración total del comportamiento humano y de las cosas que damos por sentados, una pregunta importante sobre nuestra manera de vivir y pensar.
En Todos los nombres, Saramago se ocupa de la identidad. El protagonista, el señor José (una especie de homenaje al K. de Kafka), trabaja en un gigantesco Registro Civil y tiene una existencia rutinaria, gris, casi invisible. Todo cambia cuando encuentra por azar la ficha de una mujer desconocida y decide averiguar quién fue. Un hecho nimio, insignificante, cambiará su vida y la nuestra como lecturas. Pocas novelas han explorado con tanta profundidad la relación entre individuo y burocracia. El autor propone una interesante metáfora entre el aparato de la trama (el Registro Civil) y la sociedad contemporánea. En ambos casos las personas son reducidas a expedientes, números, documentos, registros. El Estado conserva sus nombres, sus fechas de nacimiento y de muerte, pero pierde aquello que las vuelve irrepetibles.
Una novela que nos hace pensar intensamente en lo que realmente nos vuelve personas únicas, y nos invita a valorar los gestos cotidianos como prueba contundente de la experiencia vital.
Ensayo sobre la lucidez es una novela magnífica que explora la idea de masa y masificación. En unas elecciones municipales, la inmensa mayoría de los ciudadanos vota en blanco: ésta es la premisa que da pie a esta historia. Lo que le sigue no es una revolución ni un golpe de estado, sino la quietud. Sin embargo, el sistema político colapsa. Lo más interesante de esta obra es la pregunta en torno a la democracia. El autor se pregunta qué pasa cuando los ciudadanos utilizan un mecanismo democrático para expresar una desconfianza radical hacia quienes los gobiernan.
La forma en que lo hace es mostrando que, incluso un sistema aparentemente legible y transparente, puede reaccionar de forma autoritaria cuando se siente amenazado. Sin duda, una lectura que nos ofrece muchas ideas para pensar nuestro propio mundo. De la mano de José Saramago podemos habitar nuevas formas de mirar la realidad para acercarnos a una forma distinta de pensarla y resolver los problemas. A través de la sospecha ha conseguido atravesar nuestra sensibilidad.

En su obra, Saramago puso en duda las certezas del mundo

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