Impresiones sobre «No sé por qué» de Andrés Neuman

Impresiones sobre «No sé por qué» de Andrés Neuman

No sé por qué hay obras que te dejan boquiabierta; ni tampoco conozco la razón por la que ya no hay forma de despegarse de ellas. Pero es así, ¿para qué darle más vueltas? En el artículo de hoy intentaré plasmar lo que me produjo la lectura de “No sé por qué” de Andrés Neuman. Una de esas obras.

Recientemente la Editorial Pre Textos ha lanzado un libro que reúne los poemarios “No sé por qué” y “Patio de locos”. Hoy escribiré sobre “No sé por qué” y en los próximos días compartiré “Patio de locos”. Espero que lo disfruten y se animen a acercarse a este alucinante autor.

¿Uno?

“No sé por qué” se encuentra dividido en tres partes: ¿Uno? ¿Dos? y ¿Tres?

La primera parte aborda las cuestiones intimistas. Todo lo relacionado con el YO; donde el autoerotismo y la forma de relacionarse con lo ajeno, pero desde la propia individualidad, ocupan un papel sumamente relevante.

Arranca con un poema que evoca la pornografía como ese hacer sin hacer; como la forma de conectarse con la sensualidad y el placer al observar, sin que ello incluya situarse en el espacio del que es observado.

Con Neuman no hay precalentamiento, te introduce de lleno en el terreno de lo erótico y te lleva a comprender aquellas cosas que a simple vista pueden pasar desapercibidas. Como esa extraña necesidad de ver sin experimentar verdaderamente el placer, al mirar el amor o el deseo en otros. O el autoerotismo, escondido de palabras; donde se plasma ese patetismo del ser humano de ser incapaz de conectarse de verdad con sus propios placeres.

Impresiones sobre «No sé por qué» de Andrés Neuman

“No sé por qué en nuestros viajes” es un poema que me gusta especialmente. Al leerlo no pude evitar establecer un paralelismo con el relato “Las cosas que no hacemos”, incluido en “Hacerse el muerto“. Ambos, poema y relato, son sumamente ingeniosos y me interesan porque dejan en evidencia, por si hacía falta, esa extraordinaria capacidad de Neuman de nombrar lo que no se dice.

Si un cantante no sabe aprovechar esa comita que le da el silencio de la partitura para tomar aire, no podrá interpretar la obra correctamente. Lo mismo ocurre con la literatura, aprender a nombrar el silencio supongo que es uno de los mayores desafíos, por evidentes razones. Y en Neuman, encontrar y describir el silencio es una de las mayores virtudes, desde mi humildísima opinión. Volviendo al poema, en esos viajes que no se caracterizan por las visitas a museos sino más bien como un escape de la propia rutina, huir no es un espacio sino un tiempo. Y es en ese tiempo en el que se construye la memoria, aunque no se la nombre, salvo a través del silencio. ¡Es realmente alucinante!

Por último, en esta misma parte, el YO se subdivide, posee recuerdos diseminados a lo largo del espacio. Como si una persona estuviera formada por muchos gajos y cada uno se encendiera al escuchar la frase “¿te acuerdas?” Creo que este poema podría definir el punto en el que el individuo desaparece para ser en función de los otros.

¿Podríamos decir que la identidad colectiva es una parte de nosotros mismos que nos define y que nos ayuda a comprender esos por qués que nuestra individualidad no nos permite responder?

Impresiones sobre «No sé por qué» de Andrés Neuman

¿Dos?

La segunda parte de este poemario se encuentra desarrollada a partir de los otros: lo ajeno al YO, el afuera, el entorno.

Comienza con el poema “No sé por qué confundo mi impaciencia” que podría interpretarse como esa incapacidad para dirigir lo que sucede a nuestro alrededor. No podemos guiar ni siquiera el tiempo que tarde una hoja en tocar el suelo, ni tampoco (si lo tomamos como una imagen absolutamente literaria) lo que será de nuestra obra cuando nuestro cuerpo ya se halle extinto.

Este poema me parece sorprendente y creo que es bastante identitario de toda la obra, junto a “No sé por qué me río si me consta la muerte”, “No sé por qué este árbol distrae lo mortal” y “No sé por qué me gusta enderezar los cuadros”. Todos ellos permiten acercarse a lo efímero de la vida y rozar la única certeza que poseemos, lo que no da lugar a por qués, el hecho de que un día todos moriremos.

De esta segunda parte me gustaría destacar dos poemas.

Uno de ellos que podría definirse como una apología a la risa es “No sé por qué me río si me consta la muerte”. Aunque no sabemos bien por qué nos reímos, lo hacemos. La risa es una necesidad que parece venirnos sin haberla pedido y que no nos abandona hasta que morimos. Andrés se pregunta por qué se ríe si la conciencia de la muerte debería ser razón para entristecerse.

La risa, dice, puede ser un tratamiento preventivo o incluso un truco para conseguir que el cadáver desaparezca del escenario. O, mejor aún, una forma de celebrar a los ausentes, que alguna vez también rieron. De algún modo, sean cuales sean las razones que nos llevan a reír, siempre se encuentran motivadas por un mismo objetivo: sobrellevar la pérdida, aceptar (que no entender) la muerte y aferrarse a la fugacidad de la existencia.

El otro poema a destacar es el último de esta sección, “No sé por qué lloramos mejor con el cine”. En él, el poeta manifiesta esa capacidad tan nuestra de empatizar con lo externo, a un punto enfermizo: somos más capaces de emocionarnos frente a la tristeza o la alegría de los otros que frente a las propias; por eso nos resulta muy sencillo emocionarnos al ver una película. Quizás se deba también a que nos gusta más el espectáculo y la puesta en escena que la cotidianidad aburrida y rutinaria.

¿Es como si viviéramos por esos minutos de luminosidad que nos permite la intensidad de una escena en la pantalla?

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¿Tres?

Por último, entra en escena el lenguaje. Esa herramienta indispensable para comunicarnos con el afuera, que nos permite representar nuestro propio guión. Y en este punto, la literatura y la música, como no podía ser de otro modo, juegan un papel fundamental.

La literatura y la música, ambas formas de expresión con un lenguaje auténtico, consisten en el modo en el que el YO se comunica con los OTROS, interpreta lo que le rodea y autocompleta aquello que no entiende, aunque más no sea preguntándose “por qué”.

Creo que una de las cosas más llamativas y destacables de esta última parte es esa necesidad de Neuman de poner en duda todo lo establecido.

En primer lugar, el habla y el lenguaje. “No sé por qué ponemos comas” intenta abordar el sentido de nuestra comunicación, es decir, del habla. Y plantea la posibilidad de que las palabras no nos pertenezcan; que establezcan lazos entre sí y salgan por nuestra boca, como si no pudiéramos hacer nada para impedirlo. El habla es fruto de una pulsión azarosa que no manejamos del todo; de ahí que cometamos equivocaciones (conocidas como actos fallidos) que puedan referirnos a esos rincones de nuestra propia persona que intentamos ocultar. El lenguaje nos permite expresar aquello que deseamos, pero el habla es independiente en cierta forma del primero. En ella, nuestro inconsciente puede tomar las riendas y obligarnos a ver lo que no queremos.

En segundo lugar, la forma de entender el arte (representado a través de la música). Asegura que creemos que la música es abstracta porque no somos capaces de ver lo más importante (dice que confundimos el cuerpo con la radiografía). Ella tiene su tono, su timbre y su afinación, y es ejecutada por individuos tan reales como los mismos que aseguran que es abstracta.

Por último, las reglas de lo concreto e inflexible. Como las normas de la métrica (a la que Neuman destruye conscientemente en todo el poemario), lo masculino y lo femenino (realiza un interesante planteo acerca de por qué se dice que la intuición es meramente femenina) y esas costumbres que se nos vuelven contra nosotros mismos (menciona la problemática que trae como consecuencia esa confianza absoluta en los bancos, mercados, etc).

Impresiones sobre «No sé por qué» de Andrés Neuman

De esta parte hay dos poemas que me han fascinado, literalmente hablando.

Uno de ellos es el que describí en el párrafo anterior, el de la música. Creo que, una vez más, Neuman consigue apresar la esencia de las cosas a través de la sencillez de la palabra, ocultando en ella el exquisito manejo del lenguaje que posee.

El segundo es “No sé por qué este cuervo”. En él asegura que lo persigue ese mismo cuervo que torturó a Van Gogh (“Campo de trigo con cuervos”) y a Franz Schubert (“El cuervo”, lied incluida en “Viaje de invierno”). Y en este punto, ¡nuevamente su maestría! al referirse a la muerte sin siquiera nombrarla. Y él sí que sabe cómo hacerlo: recordando al cuervo de Poe y su ¡Nunca más!

Creo que es sumamente ingeniosa la forma en la que Neuman concibe este libro, estableciendo lazos indivisibles entre el Yo el entorno y el punto en el que se nutren mutuamente .

Para terminar, solo resta agregar que este libro es absolutamente recomendable; sobre todo si desean encontrarse con una poesía actual e inteligente.

¿Por qué será que no puedo despegarme de este poemario? ¿No les he dado ya suficientes razones para volar a leerlo? ;)

Impresiones sobre «No sé por qué» de Andrés Neuman

Comentarios1

  • Diana arambula

    Estuviste grandioso en ecos fil preparatoria no. 18 en Guadalajara



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