«Hallar la casa», de Beatriz Viol —Editorial Endymion—

«Hallar la casa», de Beatriz Viol es un libro que trata acerca de la experiencia vital de encontrarse y descubrir la luz en las pequeñas cosas.


 Llamamos casa a un sitio en el que hemos sabido guardar algo, donde hemos sentido una cierta protección o allí donde habitan nuestros mejores recuerdos. Casa cambia cuando crecemos. Y la noción de hogar con ella. En ocasiones, encontrar ese sitio en el que sentirnos a salvo, requiere de una apuesta que trae consigo algo de pérdida; el desafío está en saber ver lo que se gana en esa inversión: esa ventana que se abre a nosotros y nos permite entender la vida de otra forma. «Hallar la casa», de Beatriz Viol (Endymion Poesía) es un poemario que intenta plasmar los reveses y los aciertos de esa búsqueda.
 
 
 

Búsqueda interior en la que estamos todas

Este libro ya apareció en nuestra web en un artículo sobre el Día de las Escritoras; sin embargo, todavía no le había dedicado el tiempo y la meditación que requiere todo buen libro: la lectura detenida y la explicación del por qué lo creo necesario. Intentaré en este artículo hacerle justicia.

Dice David Eloy Rodríguez, en un prólogo certero que anima a leer todo el libro, que aquí se nos ofrece la visión de una mujer en tránsito que se acerca para contarnos su verdad, que es también la nuestra. Quizá no existiría una mejor forma de explicar lo que encontramos en esta lectura.

Plantear la búsqueda identitaria como una cuestión colectiva resulta sumamente necesario. Si bien todas las experiencias son personales, en tanto y en cuanto atraviesan nuestro cuerpo (huesos, músculos, neuronas), al vivir también formamos parte de una experiencia más amplia, que reúne en nuestra mirada a las que estuvieron antes y podría plantearse como una luz que alumbre la experiencia vital de las que vendrán después.

En ese sentido, la casa adquiere una gran relevancia: Jung la usa como símil de la psique; y en ella, todos los compartimentos donde habitan nuestras muchas yoes, nuestras muchas miradas, nuestros sueños, y también la experiencia colectiva, ese bagaje que nos viene por herencia cultural y genética. Sin duda, usar este símil para hablar de la búsqueda de un lugar en el mundo y a la vez, de la noción de yo –ser individual que quiere hallarse– es sumamente acertada y creo que Viol la atraviesa con absoluto acierto.

Y en esa búsqueda, la poesía es fuego que ayuda a interpretar las muchas formas que tiene la experiencia. Aquí, la poesía se encuentra movida por la esperanza y un aliento de ternura. Y es que, para llegar a la luz, Viol prefiere aferrarse al brillo de lo simple que filosofar en torno a cuestiones ajenas a la materia. Estamos, entonces, ante una poesía de lo cotidiano, que apuesta por el deseo de convertir un instante inacabado (que lo son todos, dice Viol) en una imagen que perdure en nuestra conciencia. ¿No será acaso esa la forma más noble de acercarse a la poesía? ¿No estará en lo simple la respuesta a ese empeño milenario que nos urge en construir mundo de palabras?

Diferir el dolor

Ternura y esperanza. Sí, sin duda son los ejes de este libro. Sin embargo no estamos ante un libro alegre sino más bien ante una mirada chispeante sobre el dolor; y me explico: la poesía de Viol se construye desde la extrañeza que produce el desarraigo pero intenta hacer de ese proceso algo positivo, algo que enseñe, algo que explique, y en ese sentido se presenta como una forma necesaria y alentadora de observar la propia experiencia y la vida colectiva.

«Hallar la casa» es un libro que mira el mundo desde otra perspectiva y que intenta construir nuevas miradas desde el punto en el que las cosas se han quebrado. Y no quiero dejarme afuera una tensión que ofrecen ciertos poemas, que se desarrolla ante la llegada inminente del dolor, la posibilidad de la ruptura. He recordado un concepto que le leí a Belén Gopegui que se conoce como «diferir la gratificación», y que hace referencia a postergar algo que podría ser un premio (siempre algo positivo) de forma momentánea, con el deseo de conseguirlo en el futuro si cumplimos ciertas condiciones. En la poesía de Viol hay una forma de anticiparse al dolor para evitar que duela (o deseando que duela menos), podría ser una forma de diferir el sufrimiento. Sin embargo, en la práctica, y también en su poesía, descubrimos que la vida nunca es como esperamos y que el dolor no podemos predecirlo.

A veces creemos que lo peor ya ha pasado y de pronto, ¡blum! Otras veces, nos aprovisionamos de fuerza, de certezas, de corazas y esperamos que llegue el invierno, seguras de poder afrontarlo. Raramente se acerca a nosotras en esos momentos. Sin embargo, la vida en ocasiones se convierte en eso: en esperar el invierno, porque ya sabes lo que duelen los huesos cuando hace frío. Viol escribe contra esta idea, intenta reescribir esa forma de entender y experimentar la vida, y apuesta por las palabras y por la esperanza de lo insólito. Parece un buen consejo para la escritura, y también para la vida.

Volver a casa

Como dice David, la vida llega tantas veces por primera vez, que con una actitud despierta, igual somos capaces de reconstruirnos de las peores catástrofes: así completa esa idea la poesía de Viol. En este andar buscándonos, algunas vuelven a casa, aunque el sitio ya no sea el mismo. En Hallar la casa, ese regreso viene cargado de aprendizaje y, sobre todo, parece tallado desde la pérdida pero con la mirada puesta en una nueva forma de mirar(se); ¿cabe un mejor regreso después de tanto viaje?

Mi único pero con este libro es estrictamente estético. Al ser una poética que se apoya en un discurso directo que se puede apreciar en el uso de imágenes limpias y de una estructura que viaja en una sola dirección, por momentos he sentido que me faltaba algo: el deseo de una renovación estética y la sorpresa que ofrece lo sugerente y que tanto aprecio en la poesía. No obstante, es una opinión absolutamente personal que tiene más que ver con mi propia búsqueda que con una debilidad en su composición.

Lo que más me ha gustado, sin lugar a dudas, y de lo que he aprendido, es ese empeño de la autora de apoyarse en los instantes: plantear el punto de partida en esas chispas de luz que tienen esos momentos que a simple vista no significan nada pero que a la larga van alumbrando u oscureciendo nuestra propia forma de mirar el mundo. Pienso que dotar a esos momentos de relevancia y convertirlos en gestores de la mirada, es una forma muy interesante de hacer poesía.

Estoy segura de que este libro de Beatriz Viol te permitirá encontrar a una poeta que se halla en búsqueda, personal y estética. Partir de esa idea sería la mejor forma de acercarse a ella, leerla, disfrutar lo que tiene para decirnos, y apostar en esta lectura por el futuro.

¡Anímate a leer «Hallar la casa» para que ese volver a casa sea un nuevo nacimiento, una nueva vida, como dice Beatriz Viol!


 
 
HALLAR LA CASA
Beatriz Viol
II Premio Himilce de Poesía
Endymion Poesía
978-84-773-1620-6
72 páginas



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