El gesto emblemático de Concepción Arenal

Concepción Arenal: una mujer adelantada a su tiempo

Concepción Arenal

Hoy celebramos el aniversario del nacimiento de Concepción Arenal, una de las figuras más singulares de la literatura española del siglo XIX. Escritora, jurista, reformadora social y pionera del feminismo, nos ha dejado una obra contundente donde el compromiso ético y político y la lucha por la igualdad están en el centro. En un contexto totalmente violento y restrictivo para las mujeres, Arenal supo tallar una trayectoria personal e intelectual interesantísima, a través de la cual consiguió sobreponerse a los límites de su tiempo y provocar un cambio significativo para la realidad social del país.

Vida y obra de una de las primeras feministas de España

Concepción Arenal nació en Ferrol el 31 de enero de 1820, en el seno de una familia liberal. Su padre, Ángel del Arenal y de la Cuesta, fue represaliado por sus ideas y encarlado durante el absolutismo fernandino. La figura paterna fue decisiva para la formación y el recorrido político de la escritora. Lamentablemente, su padre falleció cuando ella era todavía pequeña, por lo que esa influencia fue más moral que presencial. Sin embargo, usará muchas veces la figura de su padre para sostener su lucha en favor de la libertad.

Durante su infancia recibió una educación muy poco común para una mujer de su tiempo. La gran biblioteca familiar la ayudó a entrenar en la lectura y la reflexión crítica y cuando llegó a Madrid en su edad juvenil ya era una mujer formada y dispuesta a cambiar las cosas. Como en ese momento las mujeres no tenían permitido el acceso a la universidad, Concepción recurrió al travestimento para infiltrarse. Quería estudiar Derecho y no estaba dispuesta a que nadie se lo impidiera. Entre 1842 y 1845 asistió como oyente a la Universidad Central, vestida con levita, sombrero de copa y el cabello corto. Cuando fue descubierta, consiguió que, de todos modos, le permitieran continuar asistiendo. Un episodio impresionante que marcaría un antes y un después para la visión obtusa de la época.

A lo largo de su vida, Arenal desarrolló una intensa actividad intelectual. Publicó numerosos ensayos en los que reflexionó sobre la importancia de una reforma social para que la mujer ocupara los espacios que le correspondían. La mujer del porvenir y El delito y la pena son tan sólo dos de ellos. En su obra cuestionó el sistema penitenciario, la educación diferenciada por sexos y la subordinación legal y moral de las mujeres. Colaboró también con numerosos proyectos de reforma social y defendió desde su lugar de jurista la dignificad de las personas y la importancia de las oportunidades para conseguir la rendención.

Su crítica radical al orden patriarcal y su lucha constante por la igualdad la han convertido en uno de los referentes más importantes de la historia feminista de España. En una época en que se consideraba la desigualdad de géneros como una consecuencia natural, Concepción Arenal fue una de las primeras en formular que dicho desequilibrio provenía de una construcción social sostenida por la ignorancia y la costumbre. Una idea que tiempo más tarde sería retomada por algunas de las figuras más importantes del pensamiento de los últimos siglos.

Concepción Arenal falleció en Madrid el 4 de febrero de 1893, a causa de una enfermedad cardíaca, después de haberse convertido en una de las pioneras más imponentes del feminismo y de la reforma social en España.

Concepción Arenal

Concepción Arenal, una mujer adelantada a su tiempo

La libertad en un gesto

La anécdota más conocida de la vida de Concepción Arenal es en realidad un gesto que sostuvo a lo largo del tiempo: vestirse con la vestimenta asignada al género masculino para infiltrarse en la universidad. Más que una decisión por su propia individualidad y su deseo de estudiar hay en ese gesto un valor político reivindicativo y absolutamente colectivo: denunciar que las libertades de las mujeres fueran reducidas debido a la falta de oportunidades sociales. No se trataba de una actitud individual para sortear la prohibición, sino de poner en práctica el activismo. Este gesto puso en evidencia la arbitrariedad de las normas, puesto que hasta que no fue descubierta, pudo participar de la misma manera en que lo hacían sus compañeros de clase.

Este gesto demostró que la exclusión femenina no respondía a una incapacidad intelectual ni natural, sino a una barrera cultural. Arenal se colocó literalmente en el lugar desde el cual el conocimiento era legítimo y, al hacerlo, también criticó que el entorno universitario estuviera construido desde la identidad masculina, eliminando toda posibilidad de igualdad o incluso neutralidad. Un acto de desobediencia civil cuya magnitud es posible que se nos escape en nuestros días, pero que fue rotunda y decisiva para la historia.

Una de las cosas más interesantes es que Arenal no desafió el sistema mediante la confrontación directa, probablemente porque de este modo no habría logrado lo que se proponía, sino que lo hizo desde el sigilo, infiltrándose de forma silenciosa. Así, aprendió sus códigos, ocupó su espacio y, una vez dentro, demostró que la exclusión carecía de fundamento. El hecho de que, tras ser descubierta, las autoridades le permitieran continuar asistiendo a clase bajo condiciones especiales confirma hasta qué punto la norma se sostenía más por inercia que por convicción, y le da la razón a esta visionaria. Varias décadas antes de que las mujeres fueran admitidas oficialmente en las universidades españolas, Arenal puso el cuerpo para plasmar esta osadía, convirtiendo la vestimenta en un instrumento de poder y crítica cultural. Fascinante, ¿no?


La vida de Concepción Arenal es alucinante
y anécdotas como ésta nos recuerdan su valía y empeño por la justicia social. No viene mal recordarla para tener presente al mismo tiempo que cada conquista educativa ha requerido gestos de valentía de muchas personas, y que el acceso al conocimiento nunca ha sido neutral ni igualitario.

Blanca Portillo como Concepción Arenal

Blanca Portillo interpreta a la autora en «Concepción Arenal: visitadora de cárceles»



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