Dorothy Parker: beber cuando no queda otra que vivir

Dorothy Parker: beber cuando no queda otra que vivirDecía Donald Goodwin —un psiquiatra que estudió detenidamente los efectos del alcohol en la mente de las personas y sobre todo de los escritores— que la bebida para muchos autores fue imprescindible para convertirlos en lo que fueron. La escritura exige soledad, exposición y un posicionamiento ante los demás tan extraño lo cual hace indispensable la desinhibición del creador. El alcohol aumenta nuestra sociabilidad, alimenta la confianza en uno mismo y ayuda a sobrellevar mejor la soledad. Todo esto, según Goodwin lo convierte en un ineludible compañero para los escritores.

A lo largo del tiempo han sido muchos los escritores que se sumaron a la lista de bebedores compulsivos en ese afán de escribir-vivir más intensamente. Después de profundizar en la relación que Elizabeth Bishop, Ernest Hemingway, Jane Bowles y Oscar Wilde mantuvieron con la bebida, le llega el turno a Dorothy Parker.

Bebida, escritura y perspicacia: los ingredientes secretos de la Parker

Cuenta la leyenda que cierta vez un médico le advirtió a Dorothy Parker que si no dejaba de beber moriría en poco tiempo. La respuesta de ella fue contundente: «Promesas, promesas». Y es que Dorothy no deseaba vivir, y no sabía ni quería ocultarlo. Pero no encontraba el modo de dejar este mundo, así que consumía su tiempo en los placeres que la vida le permitía: el alcohol, las buenas compañías (de las que se ha cansaba pronto) y la escritura.

Parker nació en Long Island en 1893, mientras sus padres veraneaban en este lugar; sin embargo pasó gran parte de su vida en New York. De sangre mitad judía y mitad neoyorkina, Dorothy demostró a los pocos años su intenso desapego por las doctrinas y su afán de vivir una vida libre, y una muerte también a elección. Lo primero lo tuvo; lo segundo le costó más conseguirlo. Pero la muerte sí le fue llegando a sus seres queridos y a los 13 años se vio en el brete de tener que ganarse la vida porque se había quedado totalmente sola en el mundo. La fuerza que la guiaba y su capacidad para llamar la atención, sin embargo, la ayudaron a convertirse en una de las escritoras más importantes de su generación.

Pronto descubrió que estar en el lugar indicado es todo lo que se necesita para lograr grandes cosas en esta vida y persiguiendo esta idea fue construyendo su propia leyenda. Y fue esa idea quizás la que la llevó a vivir durante un tiempo en una suite del Hotel Algonquin, donde se reunían los escritores más relevantes de la época, muchos de los cuales subieron a su habitación en carácter de amantes. En esta época se codeó con importantes figuras de la literatura y se le abrieron importantes puertas. Fue en este período en el que bebida y escritura firmaron su alianza más profunda.

Como un niño travieso vivía intensamente, derrochaba palabras, situaciones, sin mostrar arrepentimiento; y del mismo modo cambiaba el rumbo de la literatura, derrochando también talento y escritura que vieron salida en importantes firmas de la época, como Vanity Fair, Vogue, Harper’s y The New Yorker.

Dorothy Parker: beber cuando no queda otra que vivir

Pasión por la muerte

Dorothy Parker flirteó con la muerte intentando suicidarse varias veces, sin conseguirlo. Y harta de que la muerte no deseara llevársela, decidió pelearse con ella a través de la escritura mientras se paseaba de su mano por las calles neoyorquinas. Usaba un perfume que era el mismo que usaban los sepultureros en los sepelios y escribía severas confesiones en torno a lo mucho que detestaba la existencia, y a los existientes (hombres y mujeres). Aseguraba que estaba viva pero que lo suyo no era estar aquí, que su deseo no era ese.

La vida de Dorothy fue algo excéntrica para una dama de su época, pero es quizás gracias a eso que pudo desayunarnos con una escritura precisa y llena de vitalidad. Tal era su intensidad que escritores como Scott Fitzgerald, George S. Kaufman, John Dos Passos y Ernest Hemingway se pelearon por estar a su lado. Hombres que dirían que Dorothy era una mujer tan especial que al mismo tiempo que se la amaba se la temía y algunos llegaban a odiarla.

Como periodista llegó a conquistar las mejores columnas de la época, como narradora se ubicó en un espacio hasta el momento sólo reservado a los hombres. Mientras tanto por su cuerpo pasaban hombres, empapados en alcohol y rodeados de humo. Y tal fue su fuerza que se convirtió en un mito que daría la vuelta al mundo. Fue una de las grandes voces de la Generación perdida y como los demás también se perdió un poco a sí misma en litros de alcohol.

Dorothy Parker: beber cuando no queda otra que vivir

Dorothy y el alcohol

Whisky y cigarrillo eran los dos compañeros infaltables de Parker. Y libros. Y un humor sardónico que le ganó fama. Siendo una escritora que no deseaba la vida parecía afanarse en disfrutarla hasta su último suspiro. Quizá en el fondo esto sólo demuestra que los suicidas aman más la vida que los que decimos hacerlo. Porque son incapaces de aceptar que estemos aquí para algo tan frívolo como ganarnos la vida, y están convencidos de que la vida no puede ser esto.

La bebida fue entrando por la sangre de Parker hasta conquistar territorios perdidos. Y quizás en ella esa necesidad de abrirse en canal, de perder la cordura, de desinhibirse frente al mundo sólo iba a ser posible a través de ese extraño abrazo, como lo sentenció Goodwin, quizás sin la bebida no habríamos tenido a una de las mejores autoras estadounidenses, y la Generación Perdida se habría definitiva y literalmente extraviado.

De este tormento y esa lucha constante contra la vida (¿o la muerte?) surgieron textos estremecedores a través de los cuales la recordaremos siempre.

Dorothy Parker: beber cuando no queda otra que vivir



Debes estar registrad@ para poder comentar. Inicia sesión o Regístrate.