Betina González, literatura y memoria

poem

Betina González, literatura y memoria

Hay mucho más para leer ahí afuera. El tiempo no nos alcanza. Querríamos detenerlo para poder acercarnos a esas lecturas que nos renueven, que nos instruyan y que nos hagan volar. Y entre ellas, seguramente se encuentra la obra «Las poseídas» de Betina González, que el año pasado se ha hecho con el Tusquets de novela.

En este artículo hablaremos sobre esta autora. Una mujer que se opone a las reglas y escribe desde la adolescencia (en el sentido estricto de la palabra). Alguien que lucha contra los convencionalismos y, sobre todo, que aboga por una literatura que erradique los estereotipos y los términos machistas. Que sueña con una literatura libre.

La adolescencia y la dictadura

En su novela «Las poseidas», Betina nos presenta la historia de un grupo de niñas en un colegio católico. Y, de forma paralela, nos habla acerca de un país devastado por la dictadura, el suyo.

La autora expresa que para ella existe una relación entre la pérdida de la inocencia, que nos ocurre en ese momento de la adolescencia, y el contexto político de la mitad de los 80 en Argentina. En la adolescencia el protagonismo lo tiene la pérdida de confianza en el mundo adulto; en ese período de la historia argentina, lo tuvo la decepción y el desencanto por la vida ciudadana, la apatía por la participación política.

Pese a no haber vivido de cerca la dictadura de Argentina, Betina habla de ella. La autora expresa que eso se debe a que las consecuencias de ese nefasto régimen continúan embargando la vida social. Por eso, la mayoría de los autores continúan hablando de eso, aun si no lo hacen de forma directa. Respecto a esto, Betina dice:

poem

Betina González, literatura y memoria

Acerca de Betina González

Betina González nació en Villa Ballester (Argentina) en 1972 y se dio a conocer al mundo, al resultar ganadora del Premio Clarín de Novela con su novela «Arte menor». Ahora vuelve a estar en boca de todos, al hacerse con el Tusquets de Novela 2012.

Su afición a las letras, cuenta, empezó de forma muy temprana. Cuando tenía ocho años escribió un poema, a través del cual descubrió que las palabras también podían tener musicalidad y que ella podía dárselas. Ese día supo que quería escribir. Y lo hizo.

Entre los autores que han cautivado el universo de Betina hay muchos nombres, principalmente mujeres, entre las que se destacan Katherine Mansfield y Lorrie Moore.

Asegura que cuando escribe no sabe bien a dónde se dirige. Una vez encuentra el tono que necesita, se lanza a la escritura, y entonces realidad y ficción se entremezclan y sus propios recuerdos parecen entrometerse e introducirse sutilmente en la historia que está contando.

Betina González, literatura y memoria

La memoria y arte menor

En «Arte menor» la autora analiza la importancia de los recuerdos y lo fina que es la línea que divide la memoria de la realidad. No es tan importante cómo sucedieron las cosas sino cómo las recordamos; después de todo, no habrá ninguna versión de un mismo suceso que sea idéntica.

Claudia, la protagonista de la obra decide reconstruir la historia de su padre, un escultor recientemente fallecido, del que sabe muy poco, para escribir su biografía.

Es una búsqueda que se nutre de diferentes elementos, la identidad, la esencia, las relaciones, la mediocridad. Posiblemente una de las preguntas que cabe hacerse y que parece intentar responder esta historia es: ¿Existe una versión absoluta y completa de la vida de una persona, o sólo hay fragmentos, miradas, percepciones parciales, tambaleantes e inciertas?

Para Betina la memoria es algo que siempre la obsesionó. Cuenta que de niña sentía terror a olvidarse de las cosas y para contrarrestar ese miedo, jugaba a recordar cosas que había visto en la tele, consideraba que las imágenes tenían una capacidad evocativa poderosísima. Más tarde comprendió que para sobrevivir parecía imprescindible olvidar ciertas cosas. Dice:

poem

Otra cosa que detesta es esa entronización del artista; la idea de esos escritores que escriben porque sienten que es lo que deben hacer, como una especie de tortura de la que no pueden escapar. Para quienes vivir es una tortura a la que tienen que sublimarse.

Betina González, literatura y memoria

Las poseídas

poem

Y esta necesidad de alejarse de los clichés y de estos preconceptos tan afincados en nuestras sociedades, es una constante en su obra. Se nota en «Arte menor» y vuelve a aparecer en «Las poseídas».

En esta obra, nos encontramos con una novela de iniciación que nos permitirá disfrutar de una inquietante historia, con las rebeldías exactas de un colegio de niñas que luchan por encontrarse y sobrevivir. En un país del que ha quedado poco, devastado por las malas decisiones de sus dirigentes. Supongo que no hace falta decir más.

Para terminar cabe agregar que las historias de Betina no son totalizadoras, porque ella está convencida de que la vida tampoco lo es. Ninguna versión de una realidad debe ser tomada como absoluta o verdadera. En lo que respecta a los escritores, lo único que realmente vale de lo que queda es su obra, no cómo hayan vivido. Una interesante reflexión para cerrar el artículo, supongo.

Betina González, literatura y memoria

Comentarios1

  • Edna Diaz

    Me encanta el artículo y está muy bueno.



Debes estar registrad@ para poder comentar. Inicia sesión o Regístrate.