“Azabache” de Anna Sewell

Entre las lecturas infantiles que recuerdo con más cariño se encuentra “Azabache” de Anna Sewell. Con los años he vuelto a ella de diferentes maneras: para aprender más sobre la época en la que fue escrita, para saber más acerca de su autora y para disfrutar de la bellísima narrativa que la caracteriza.

Hoy, en el aniversario del nacimiento de Sewell, recupero este clásico en el desván de los libros perdidos y se los recomiendo profundamente.

Un caballo que recuerda su vida

Fue una caída tonta. Un día de lluvia, cuando Anna volvía del colegio a su casa, resbaló y cayó al suelo; con tanta mala suerte que se dobló ambos tobillos. La atención médica que recibió, en lo que hoy sería una lesión de tercer grado, fue deficiente y a causa de ello con el correr de los años fue perdiendo la movilidad en las piernas, hasta dejarla completamente inmóvil. Desde los veinte años en adelante su vida estuvo atada a una silla de ruedas; sin embargo, esto no impidió que estudiara y se convirtiera en una fervorosa lectora. Junto a su madre, una conocida autora de novelas juveniles, aprendió su pasión por los libros, y su padre fue quien le enseñó muchísimo acerca del mundo de los caballos. Uniendo estas dos pasiones, Anna construyó una obra maravillosa que se convertiría en una de las obras más importantes de su generación.

Cuando Anna Sewell quedó inválida no se imaginó que su vida cambiaría para siempre de la forma en la que lo hizo. En ese estado que le impedía salir de casa, entabló una estrecha relación con los caballos, que eran sus piernas, y le permitían moverse. Eso la llevo a pensar en ellos, a vivir a través de ellos y a escribir una de las novelas juveniles más fascinantes que se hayan ideado en la literatura anglosajona que, además, todavía figura en las que más han vendido a lo largo de la historia.

Una de las características fundamentales de esta novela es que se halla narrada en primera persona y se presenta como una novela autobiográfica desde la perspectiva de su personaje principal Black Beauty (Azabache o Belleza Negra, dependiendo de la traducción), un caballo pura sangre inglés. La narración comienza en la vejez de Azabache y nos catapulta inmediatamente a una feliz infancia que se verá interrumpida por la violenta separación del potrillo de su madre. A partir de allí iremos viviendo una historia con muchísimo drama, violencia y una mirada animalista que, sin duda, puede ser la semilla para que muchos de nosotros hayamos descubierto nuestro amor por el universo de los otros; esos otros que son diferentes y, a la vez, tan parecidos a nosotros, y que representan nuestros compañeros de hogar.

“Azabache”, un texto que cambió la vida de los caballos

“Azabache” no sólo sirvió para plantear una historia interesante en la que un individuo, por razones de clase, se ve privado de la libertad que los otros pueden experimentar, es una novela que reflexiona sobre el trato que reciben los animales por parte de los seres humanos.

Es importante señalar que estamos hablando de una época en la que “derechos animales” era todavía un concepto que ni siquiera se había puesto en palabras. Y fue, gracias a historia como ésta que se dieron importantes pasos en la relación entre humanos y animales.

En ese sentido, la historia de Sewell sirvió para imponer una demanda en torno a nuestra relación con el entorno e incluso llegó a provocar tan sensación en su época que impuso la discusión en el Parlamento acerca de los derechos de los équidos en aquella Inglaterra de finales de siglo XIX.

Algunas de las críticas que introduce el libro y que dieron lugar a leyes estrictas sobre el cuidado de los caballos fueron el uso del látigo, el engalle (para mantener las cabezas de los animales en alto y que llegaba a provocarles fuertes lesiones), las anteojeras y el trato despiadado y distante que recibían los equinos por parte de los humanos.

“Azabache” fue tomada como una obra para niños y en la actualidad suele etiquetarse como juvenil; sin embargo, el objetivo de Sewell era reflexionar en torno a la benevolencia y la solidaridad, en un mundo que se mostraba cruel e injusto para con los animales.

Sin duda es esta una de esas obras de las que muchos de nosotros no hemos sabido escapar. Así es; a ella vuelvo y a ella creo que sería interesante regresar siempre para recordar de dónde venimos y quiénes viajan con nosotros. ¡No dejen de leerla!



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