«Anatomía sensible», de Andrés Neuman —Páginas de Espuma—

«Anatomía sensible», de Andrés Neuman (Páginas de Espuma) es un libro-mapa hermoso sobre el cuerpo y su vínculo con lo político. El cuerpo como reivindicación de la propia libertad y como punto de encuentro con el otro y las otras. ¡Nadie se lo pierda!

Desde los orígenes de nuestra historia social a través del arte hemos intentado sobreponernos al avance de las tendencias superficiales desde la reflexión más profunda, desde el razonamiento o desde el flujo de imágenes sensoriales abstractas. La abstracción nos ha servido para construir una serie de ideas capaces de sostener nuestra esencia contra esa frivolidad. Sin embargo, en la actualidad, el propio arte cansado de ser amenazado ha cedido a la trivialidad, a la lectura fácil de la vida y el mundo, y todo, incluso las cosas que más nos interesan y sobre las que supimos sostenernos, han devenido red social. Y así, lo profundo se ha vestido de etiqueta para representar las corrientes más superficiales que pudieran haberse imaginado nuestros antepasados. ¿Cómo responder al avance del capital, con todo lo que representa, sobre el mundo de las ideas y las emociones? En «Anatomía sensible» (Páginas de espuma) Andrés Neuman lo hace desde lo mínimo: el cuerpo. Lo más primitivo y lo más tangible. El espacio de nuestras pocas certezas. Y nos regala una fantástica reflexión que roza la fábula sobre nuestra forma de mirar y ser mirados, de desear y ser deseadas, de amar y ser amadas. Un libro maravilloso donde tacto y oído dirigen la orquesta.

Cuerpo y alfabeto que se cruzan

El cuerpo es nuestro único capital. Un conjunto de huesos, músculos y células transformistas que representa todo nuestro contacto con el afuera y también la noción de lo que somos. El frasco que contiene una dimensión invisible que nos representa y la verdad sensorial de todo lo que nos atraviesa. Es también el responsable de nuestra libertad o nuestra abnegación –quien afirma nuestras decisiones a cada paso (para bien y para mal)–, y seguramente, por esto último es que desde los inicios de nuestra vida política, ha sido el blanco al que apuntan todas las represiones. Quizá porque es también nuestra mejor arma contra la violencia del exterior. Y es el cuerpo el material plástico que amasa con lucidez Neuman para construir en «Anatomía sensible» (¡y qué titulo más hermoso!) un discurso sobre la autopercepción y la relación entre nuestra forma de mirarnos y de acercarnos a los demás.

Y aunque podría tratarse de un manual con ambiciones científicas, en realidad es un texto político y literario que nos invita a reflexionar sobre las formas de control (tanto sutiles como brutales) a las que está expuesta cada una de nuestras extremidades, así como también sobre la libertad y sus posibilidades. En el cuerpo todo es íntimo pero cualquier cosa que hagamos con él, avanzando hacia el cuerpo de los otros, es algo político. Mirarnos sin prejuicios y apropiarnos de nuestros músculos con ganas y deseo levantando la vista para distinguir el cuerpo de los otros quizá sea la mejor forma de estar en cuerpo y alma en este cementerio.

Habría que aclarar en este punto que estamos ante un libro distinto, que viene a navegar entre esos peculiares e inclasificables trabajos del genio de Neuman que trascienden los géneros, y que nos absorben intelectual y emocionalmente gracias a su poderosa onda expansiva. Un texto difícil de clasificar tanto como de olvidar. Un discurso que toma el relevo de esa otra maravilla que fue «Barbarismos» , al presentarse como una enciclopedia ordenada en torno a las diversas partes del cuerpo. Desde un tono similar a este otro libro, Neuman se aferra a un decir político y erótico, y construye una visión no configurada de lo que somos, de lo que es nuestro cuerpo y también de lo que no es: territorio en el que las dudas y opiniones ajenas no cuentan. Asimismo, nos ofrece una lectura sobre los diversos métodos de control estético y político al que intentan someternos y nos invita a rebelarnos a esa visión unidimensional del cuerpo, donde músculos y huesos son sólo tornillos de un engranaje más profundo que conecta con lo Maravilloso y con lo insólito, con lo que somos y habita debajo del cuerpo.

Cuánto de cuento y cuánto de ensayo hay en «Anatomía sensible». Muy poco de ambos, porque en verdad lo que se escurre de la lectura es la certeza de un lenguaje poético donde música y deseo son los hilos conductores. Lo político, lo que haya de ficción en las teorías, lo que haya de verdad en la intuición todo eso está encaminado hacia un lenguaje conciso donde el verdadero protagonista es ese punto de encuentro entre ojo, mano, pie, piel y alma, que son punto de fuga, lectora radical, principio del camino, paisaje portátil y laberinto con guía, respectivamente bárbaros. De este modo, Neuman parte de la piel, ese paisaje portátil, para ir adentrándose en cada una de las diversas regiones del cuerpo a las que da protagonismo y empeño, y va recorriéndonos desde el asombro y desde la duda más que desde la seguridad de quien sabe qué existe en lo que toca. En ese sentido es un libro más cerca de la poesía que del discurso enciclopédico; en tanto representa la búsqueda de la verdad y no la confirmación de ella.

El cuerpo como revolución

No digo suficiente cuando expreso que «Anatomía sensible» es un libro político. Es feminista. Es un canto al cuerpo y sus defectos. Aunque, ¡qué feo llamar así a las marcas que nos imponen los años, al registro de lo vivido! ¿No? De hecho, lejos de mirar con tristeza las huellas de la edad, este libro nos invita a amar esas cicatrices, apreciando la costura más que la tersura. De este modo, nos invita a pensarnos como partes de un todo que no controlamos, de una belleza colateral que no nos pertenece del todo pero que podemos apreciar a través de los ojos, de las manos, de la piel, si deseamos hacerlo, y nos empuja a querer en nosotros las huellas de la experiencia.

El sexo ocupa un lugar importante. El sexo y sus formas. El sexo y sus pulsiones. Y también su naturaleza. Nada es más natural que el deseo, expresa Neuman, con lo que cabría pensar que cualquier norma o etiqueta que se imponga sobre el cuerpo es artificial, ficticia y dañina. Sobre el sexo y la masturbación, y su implicación en la revolución política hay maravillosos fragmentos. Sobre la independencia del deseo y la posibilidad de vivir al margen de los dogmas o preceptos, también. En ese sentido es una lectura que nos hace libres y nos llena de esperanza.

La música siempre en el lenguaje

En la literatura de Neuman no hay libro sin música. Y esto vale tanto en lo que respecta a la forma como al tema. En «Anatomía sensible» la música aparece, en cada uno de los órganos que se activan con ella, así como también de forma indirecta en asociaciones musicales que tienen que ver con tonalidades, variaciones e imágenes que cualquier amante de este otro arte sabrá disfrutar y apreciar.

En Neuman la música es el lenguaje. Violines y músicos siempre se aparecen en su obra y la enriquecen, sí. Pero hay otra parte musical que es la que a mí más me interesa. En «Anatomía sensible» hay un cuidado del ritmo que me parece exquisito. A simple vista esta cualidad puede pasar desapercibida, sobre todo si leemos en voz baja, pero adquiere intensidad y tesitura si le damos voz y cuerpo. Lean alguno de estos textos en voz alta, disfruten de los sonidos que se van superponiendo y entenderán perfectamente a qué me refiero. El milagro aquí es que cada palabra escogida tiene un papel fundamental en la partitura y el texto adquiere magnitud sonora cuando entendemos su sentido con el oído.

El punto de vista es otro de los grandes aciertos de Neuman. Si bien la voz –llamémosle poética más que narradora o disertante– se encuentra en vínculo con lo que toca o ve, permanece a una cierta distancia. Se establece entonces como una perspectiva isométrica, que aunque es falsa permite una mayor armonía en la escena y una conexión más eficiente, que hace posible un mayor discernimiento y un estilo soberbio. Debe existir un equilibrio entre empatía y distanciamiento. Lo dice Siri Hustvedt en «Elegía para un americano» refiriéndose a la relación entre terapeuta y paciente. Si conectas demasiado probablemente no tendrás la lucidez para entenderlo y ayudarle, pero si no sientes compasión en absoluto no podrá establecerse la relación de complicidad necesaria para que germine la confianza y la esperanza. Volviendo a Neuman. El punto de vista está a mitad de camino entre el cuerpo propio y el ajeno, entre lo individual y lo colectivo, entre lo íntimo y lo político, y esto permite que el discurso sea tan frontal como cercano, tan literario como teórico, tan realista como ficticio. Y que como lectores avancemos en la lectura con las manos abiertas y el corazón siempre dispuesto a aceptar el destino de las palabras.

«Anatomía sensible» es un libro extraordinario. Sencillo y complejo como los grandes hitos de la literatura. Una obra de arte que cuestiona la superficialidad desde la misma piel y por lo tanto ofrece una novedosa manera de contraponerse a la frivolidad de nuestro tiempo, arañándolo desde dentro, devolviéndole al cuerpo su espacio de libertad y rebeldía que la vida doméstica le ha arrebatado. Un libro que viene a confirmarnos lo que ya sabemos: que Neuman es un escritor alucinante, con un manejo del lenguaje y sus posibilidades, del silencio y sus vacíos, y de la palabra en tanto recurso ineludible de crecimiento personal y colectivo, que muy poquitos tenemos. Y es un libro fabuloso que nos invita a poner en marcha ese debate feminista urgente sobre lo que somos y lo que no pueden decirnos que somos, que no se olvida del humor como línea imprescindible para ese reconocimiento y para toda revolución. En definitiva: una nueva maravilla para neumaníacos y cualquier otro sagaz deseoso de mover los engranajes en busca de sentido. ¡Corran a leerlo, por lo que más quieran!


 
 
ANATOMÍA SENSIBLE
Andrés Neuman
Foto de cubierta: Lucía Martínez Cabrera
Páginas de Espuma
978-84-8393-265-0
120 páginas
Papel: 15,00 €
Digital: 5,99 €



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