«Un vaso de agua», de Lola Mascarell —Editorial Pre-textos—


A la espera de un ojo están los objetos olvidados en algún rincón del tiempo. La orilla de una casa, un costurero, una silla, latiendo su inmóvil existencia y aguardando el instante en que alguien los despierte: la memoria de un ojo. Y a veces, son nuestros esos ojos que se abren para ver la belleza o atisbar la chispa del pasado. En torno a esa forma de mirar la vida, a pesar del dolor y el desengaño, se construye “Un vaso de agua” de Lola Mascarell (Pre-textos), un maravilloso poemario que araña donde duele pero que se halla lleno de esos instantes por donde la luz pasa, si la dejamos.
 
 

Volver a la montaña

La montaña, ese sitio al que cuesta tanto llegar pero cuyo símbolo justifica el esfuerzo del viaje, es uno de los elementos que aparece en este libro de Mascarell. La montaña, la Meca de los aventureros que deseaban salirse de las sendas transitadas para llegar donde todo fuera virgen. Un camino sin huellas que antecedan. En la poesía de Lola también simboliza aquello que nos conecta con lo vivo. Sin montaña, el camino se vuelve incierto, nuestros paras resultan anodinos. Hay una mirada hacia la forma en la que hemos transformado nuestra vida, olvidando que la montaña fue refugio y hogar, para atarnos a cielos de neón.

A veces, sin embargo, la idea de montaña se esfuma porque la vida se nos rompe. Son esos momentos en los que todo lo que hemos vivido parece desvanecerse y la vida se convierte en un mirar a todos lados con el alma desnortada. En medio de la oscuridad, sin embargo, Mascarell nos recuerda esa idea de montaña, como luz que es refugio. A lo largo de los poemas en los que se aparece la insatisfacción de nuestra experiencia vital, nuestras pérdidas, y la sensación de fracaso –ese momento en que miramos hacia atrás y descubrimos que no nos hemos convertido en aquello que deseábamos– la palabra es lumbre que invita a la esperanza.

Así, la idea de montaña se aparece como una especie de talismán que nos empuja hacia arriba, una nueva manera de mirar la vida, a través del hueco, intentando perseguir el oxígeno de las alturas, alejándonos de las falsas expectativas que rodean las estructuras humanas de la vida, y acercándonos a lo más íntimo. La montaña, que es poesía, se convierte entonces en ese lugar al que llegar para recobrar la consciencia natural de lo que somos.

¿Por qué leer «Un vaso de agua» de Lola Mascarell?

Preguntas en el aire

Lola Mascarell vuelve a la poesía con más preguntas. Abrazándose a algunas de las inquietudes que ya había plasmado en ese otro libro maravilloso que es “Mientras la luz” intenta construir una poética donde la voz se apoye en lo desconocido: las preguntas como ancla de búsqueda.

Me parece muy interesante la forma en la que ha sabido derivar sus inquietudes iniciales hasta dar con una poesía que, si bien puede ser engendrada por las mismas preguntas, presenta una complejidad y una intención bien diferente. Por eso, aunque se nota enseguida la conexión entre ambos poemarios, también a través de la lectura se descubre el camino transitado desde el anterior. Así, mientras en el primero la palabra se torcía con una inocencia que estrechaba el lenguaje con la imaginación y el deseo siempre a punto, en éste parece notarse la madurez que da el tiempo, donde la resignación a la pérdida parece mucho más clara, y las preguntas, no tienen la intensidad que da la curiosidad del que desea repuestas, sino más bien el peso del que sabe que no será en esta vida en la que entenderá el porqué de la montaña.

Una de las preguntas en las que reincide Mascarell y que a mí me resulta especialmente conmovedora trata acerca del vacío espectral que dejan los seres queridos al marcharse, y lo extiende también hacia la vida de los objetos, fieles evidencias del tiempo de los vivos. Los objetos como testigos mudos, aguardando esos ojos que escriban lo que falta. Y es esta idea como una pregunta larga que abarca e intenta comprender de qué está hecha la energía del mundo, el aire, lo invisible, todo aquello que sabemos que es también materia aunque no sepamos definirla del todo.

También hay una búsqueda intensa sobre la identidad. En torno a aquello que motiva el movimiento de la vida, y sobre todo, en torno a la forma en la que el sentido de supervivencia se arraiga en nosotros. Y vuelve a aparecer el dolor, a través de preguntas que se apoyan en lo que nos mueve cuando en medio de la pérdida y el desgarro, somos capaces de creer en algo, de abrazarnos a la luz, incluso sin estar del todo convencidos de poder sentirla como propia. ¿Somos nosotros lo que buscamos esa luz o es ella la que viene a nosotros?, es otro de los hilos de pensamiento por los que viaja la poesía de Mascarell. Y aterrizamos de nuevo en la montaña.


La belleza y el instante

Cuando leí por primera vez “Mientras la luz” algo cambió en mí. Fue un impacto. Como una especie de bomba estallando en mis vísceras. Me pasa con algunas poetas: es como sentir que vengo de la misma casa, como si todo eso que leo en su poesía me estuviera hablando a mí, precisamente a mí, en este instante. La afinidad poética es sin duda otra de las preguntas que no tienen respuesta, pero ¿no es acaso una experiencia de lo más maravillosa? Cuando supe que Mascarell acababa de sacar un nuevo libro me ilusioné muchísimo, porque tenía ganas de reencontrarme con sus poemas, sobre todo porque sabía que al hacerlo, iba de nuevo a estallarme algo dentro. Y así fue. Creo que es un libro que nos deja a la intemperie y cuando ya nos creíamos perdidos, nos abriga: la frase justa como el abrazo necesario.

Porque aunque dije que parece escrito con la certeza de una realidad que duele y que sabemos no puede transformarse, lejos de ser un libro neurótico o pesimista propone que nos aferremos a lo que sabemos cierto –el estar aquí y ahora, contigo y conmigo, en un instante que sabemos va a terminarse, pero no todavía–. Esto significa, que la poética de Lola en lugar de apalancarse en la melancolía que hunde en la tristeza (de fácil acierto en la escritura), da un giro. Así, parece venir a decirnos que ya que todo va a acabarse, porque nada dura, lo mejor que nos queda es aferrarnos al instante.

En Lola, la sensibilidad y la sensualidad siempre están en el aire y permiten nuestro encuentro con una poesía de resistencia, que si bien acepta la realidad, se subleva ante el olvido. Y la premisa fundamental es que aunque nada tenga mucho sentido, la piel lo siente, la piel lo vive, y eso es todo lo que importa. Se me ocurre que esta es una de las razones principales para leer a Mascarell, porque en toda su poesía hay una insistencia constante sobre el valor del presente, que se puede percibir en ese deseo de atrapar la luz que a veces se nos escapa. Esos instantes de plenitud le sirven a ella para construir un poemario que a modo de sendero nos invita a mirar donde la vida parece descolorida, porque es ahí justamente donde reside la belleza. Y ahí, la memoria, como un vaso de agua, capaz de refrescarnos la ilusión y recordarnos nuestra idea de montaña. La memoria, para construir futuro con eso que perdimos.

“Un vaso de agua” es un libro que desprende una profunda búsqueda teórica pero sobre todo, una sensibilidad para observar la vida y transmitirla que es absolutamente transformadora. Leerlo es impactar contra un planeta desconocido y redefinir nuestra mirada sobre el mundo conocido. ¡No te lo pierdas!

 
 

«Un vaso de agua» de Lola Mascarell es una vía de escape a la tristeza

   
 

UN VASO DE AGUA
Lola Mascarell
Pre-textos
978-84-17143-66-4
68 páginas
13,00 €



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