Santos Domínguez Ramos

El alfanje secreto (XII)

 Poema siguiente

Ya los músicos ciegos, con su salmodia oscura,
cruzan lentos la Puerta del Leproso. El estuco
dudoso de la tarde se enfría en las copas de oro
del salón del visir.
Y por los muladares que muerde un viento antiguo
la sombra extiende el velo balsámico del sueño.

Poema siguiente 

 Volver a
Santos Domínguez Ramos