Gustavo Adolfo Bécquer

Rima LXX

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¡Cuántas veces, al pie de las musgosas
paredes que la guardan,
oí la esquila que al mediar la noche
a los maitines llama!

¡Cuántas veces trazó mi silueta
la luna plateada,
junto a la del ciprés, que de su huerto
se asoma por las tapias!

Cuando en sombras la iglesia se envolvía,
de su ojiva calada,
¡cuántas veces temblar sobre los vidrios
vi el fulgor de la lámpara!

Aunque el viento en los ángulos oscuros
de la torre silbara,
del coro entre las voces percibía
su voz vibrante y clara.

En las noches de invierno, si un medroso
por la desierta plaza
se atrevía a cruzar, al divisarme
el paso aceleraba.

Y no faltó una vieja que en el torno
dijese a la mañana,
que de algún sacristán muerto en pecado
acaso era yo el alma.

A oscuras conocía los rincones
del atrio y la portada;
de mis pies las ortigas que allí crecen
las huellas tal vez guardan.

Los búhos, que espantados me seguían
con sus ojos de llamas,
llegaron a mirarme con el tiempo
como a un buen camarada.

A mi lado sin miedo los reptiles
se movían a rastras;
hasta los mudos santos de granito
creo que me saludaban.

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Comentarios3

  • Teresalba ¡Hermoso! Un tormentoso amor contenido en las sombras, callado, no debe saberse. A cuántas cosas se asemeja para poder pasar desapercibido y acercarse, aunque más no séa, a percibir la voz del ser amado.
  •  
    PETALOS DE NOCHE es inquietante este poema,

    Dentro de la penumbra -la oscuridad-
    y dentro de la oscuridad -la soledad-
  •  
    LordDavid Hay mucho dolor en estos versos, refleja el rechazo que veía en los ojos de las personas que le rodeaban.
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