Marosa Di Giorgio

No sé de dónde...

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No sé de dónde lo había sacado mi padre —él no salía nunca—; tal vez, desde el linde mismo del campo; allí estaba, el nuevo cuidador de las papas. Le miré la cara color tierra, llena de brotes, de pimpollos, la casaca color tierra, las manos extrañamente blancas y húmedas, que tentaban a cortarlas en rodajas y a freírlas. Pero, el abuelo no dijo nada y mi madre, tampoco. Sólo los perros adivinos empezaron a dar saltos y a gruñir y hubo que echarlos al jardín y ponerles cerrojo. Él se marchó, escopeta al hombro, hacia el gran cantero; allí quedaría bajo la luna, apuntando a los posibles ladrones, a las zorras que bajaran del bosque, y, sobre todo, a las liebrecitas roedoras.

Pero, cuando cayó toda la sombra, mi raro corazón ya caminaba a saltos, manejando una sangre ya confusa, fui a ver a mi madre; ella estaba apoyada en la ventana, su recto perfil mirando hacia las sombras; no me atrevía a decirle nada. Volví a mi alcoba, cerré las puertas; los astros, con su plumaje de colores empezaron a volar de este a oeste, de un mundo a otro; me levanté, crucé el jardín, los perros gruñeron, no tenía miedo, había tal resplandor, además, conocía todos los escondites, los subterfugios, hubiera podido desaparecer bajo la tierra. Lo terrible fue que él me estuvo apuntando desde el principio. Cuando mordí la primera ramita, disparó, caí, me dio por muerta. Durante toda la noche, aunque soñé cosas increíbles, mis ojos permanecieron abiertos y mis largas orejas se mantenían atentas; sólo mis cuatro patitas entrechocaban temblando.

Al alba él me tomó, me alzó, la sangre rodó por mis flancos. Caminaba hacia la casa; ya, allá, había un rumor confuso, alguien estaría levantado, ya en la cocina; tal vez, los abuelos. El entró —mis ojos se nublaron terriblemente—, me arrojó allí; dijo: —Noche tranquila. Una sola liebre.

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Comentarios7

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    Elsy Alpire Vaca Un relato muy bello, me ha parecido fascinante. Gracias.
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    Eco En este poema hay zorras y liebrecitas roedoras. De las zorras está dificil decir algo y de las liebrecitas roedoras nunca antes había oído hablar. De ser cierto el poema se puede decir que son mucho más tiernas.
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    Albin Lainez Marosa nos provee de alas mentales, sus escritos son hechizos
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    Pruden ¡Cuánta ternura contiene este relato!
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    Latino Un escrito corto, pero denso, con múltiples significados. La protagonista, una liebre que narra en primera persona desde el punto de vista de la niña (hija del papero) o la niña que habla desde la perspectiva de la liebre (la persona gramatical no cambia). En ambos casos, es un relato que nos sobresalta porque la protagonista muere desangrada, luego que el celador le mete un tiro durante la noche, apenas ella le dio el primer mordisco al cogollo de papa. O son dos narradores: la hija en el primer párrafo y la liebre en el segundo y tercero, es decir, hasta el final. No parece, en todo caso, un texto para ternurismos, sino para la reflexión acerca de los matices que puede tener un relato.
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    Rafael Merida Cruz-Lascano Hermosas letras. El quehacer campesino, dentro de la tranquilidad y la vida llena de necesidades.
    Me gustó la narrativa, inquieta por el cómo un padre puede apuntar con su escopeta hacia su hija,
    pero el dessenlace nos alivia y nos es grato llegar a él.

    Felicitaciones.
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    felipe gonzalez mer Bello poema. Algo confuso,
    parece enamorada de él,
    con desenlace triste...
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