Esther Zarraluki

Abres la puerta...

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Abres la puerta
como si atrás quedara un accidente.
La calle está en orden. La bondad de las acacias
cae desde lo alto y deja las aceras sembradas.
Mujeres limpian pescado y ríen
enseñándose su presa.
—Mira, aún vive.
Vas donde ellas explican las mañanas,
el paso rápido, la conjura de los dientes,
gotas de leche en el embozo.
—Acércate, aún vive.
Una canción bucea el aire
desde la esquina que ocupa el muchacho
atento:
hielo liso
un paraíso
para el que bien sabe bailar.
Tintinean las monedas,
el peso tiñe el cuello de las camisas,
roce de rodillas, un paseo
hacia la noche.
Y en la esquina una estudiante sonríe
y el muchacho se pregunta si
pondrá los labios donde pide.

El agua ya encharca el suelo.
Un canturreo barre la calle.
Los helicópteros buscan un trozo de tierra
y niños los devuelven al aire, arriba, arriba.

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