Carmen Naranjo

En esta tierra redonda y plana (XXXVIII)

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Sólo las abadesas me acusaron
sólo ellas no creían
yo me encomendaba
día y noche
me encomendaba al viaje
a la rueda de la fortuna
al ruido del portazo
a la dulzura del tevayabien
a la desnudez del amor

sólo ellas
convento y rejas
rosario y corredores
eran las vigilantes
de quienes creen en amaneceres
nuevos amaneceres
con soles sonrientes
pintados por niños

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