Muro de Vogelfrei



  • Vogelfrei

    Aullido Allen Ginsberg. He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz. Quienes expusieron sus cerebros al Cielo, bajo Él y vieron ángeles mahometanos tambaleándose en los techos de apartamentos iluminados. Quienes pasaron por las universidades con ojos radiantes y frescos alucinando con Arkansas y la tragedia luminosa de Blake entre los estudiantes de la guerra. Quienes fueron expulsados de las academias por locos por publicar odas obscenas en las ventanas del cráneo. Quienes se encogieron sin afeitar y en ropa interior, quemando su dinero en papeleras y escuchando el Terror a través de las paredes. Quienes se jodieron sus pelos púbicos al volver de Laredo con un cinturón de marihuana para New York. Quienes comieron fuego en hoteles coloreados o bebieron trementina en Paradise Alley, muerte, o purgaron sus torsos noche tras noche con sueños, con drogas, con pesadillas despiertas, alcohol y verga y bolas infinitas, ceguera incomparable; calles de nubes vibrantes y relámpagos en la mente saltando hacia los polos de Canadá y Paterson, iluminando todas las palabras inmóviles del Tiempo, sólidos peyotes de los vestíbulos, amaneceres en el cementerio del árbol verde, ebriedad del vino en los tejados, puestos municipales el neon estridente luces del tráfico parpadeantes, vibraciones del sol, la luna y los árboles en los bulliciosos crepúsculos de invierno de Brooklyn, estrepitosos tarros de basura y una regia clase de iluminación de la mente. Quienes se encadenaron a sí mismos a los subterráneos para el viaje infinito desde Battery al santo Bronx en benzedrina hasta que el ruido de las ruedas y niños empujándolos hacia salidas exploradas estremecidas y desiertos golpeados de cerebros absolutamente secos de esplendor en la melancólica luz del Zoo. Quienes se hundieron toda la noche en la luz submarina de Bickfords emergidos y sentados junto a la añeja cerveza después del mediodía en el desolado Fugazzs, escuchando el crujido del destino en la caja de música de hidrógeno. Quienes hablaron setenta horas seguidas desde el parque a la barra a Bellevue al museo al Puente de Brooklyn, batallón perdido de conversadores platónicos bajando de espaldas las escaleras de escape de los alfeizares del Empire State lejos de la luna, gritando incoherencias, vomitando susurrando hechos y recuerdos y anécdotas y patadas en la bola del ojo y traumas de hospitales y cárceles y guerras, intelectos enteros disgregados en amnesia por siete días y noches con ojos brillantes, carne para la Sinagoga arrojada al pavimento. Quienes se desvanecieron en ninguna parte de Zen New Jersey dejando un reguero de ambiguas postales ilustradas de Atlantic City Hall, sufriendo sudores orientales y artritis Tangerianas y jaquecas de China bajo la basura en las salas sin muebles de Newark. Quienes dieron vueltas y vueltas en la medianoche por el patio de trenes preguntándose adónde ir, y fueron, sin dejar corazones rotos. Quienes prendieron cigarrillos en vagones traqueteando por la nieve hacia granjas solitarias en la noche del abuelo.Quienes estudiaron a Plotino, Poe, San Juan de La Cruz, telepatía y cábala debido a que el cosmos instintivamente vibraba en sus pies en Kansas. Quienes solos por las calles de Idaho buscaban ángeles indios visionarios que fueran ángeles indios visionarios. Quienes pensaban que sólo estaban locos cuando Baltimore destellaba en éxtasis sobrenatural. Quienes saltaron a limusinas con el Chinaman de Oklahoma impulsados por la lluvia de los pequeños pueblos a la luz callejera de la medianoche del invierno. Quienes haraganeaban hambrientos y solos por Houston buscando jazz o sexo o sopa, y siguieron al brillante español para conversar sobre América y la eternidad, una tarea sin esperanza, y tomaron un barco para África Quienes desaparecieron en los volcanes de México dejando tras suyo nada excepto la sombra del estiércol y la lava y la ceniza de la poesía quemada en Chicago. Quienes reaparecieron en la Costa Oeste investigando el F.B.I. en barbas y pantalones cortos con grandes ojos pacifistas atractivos en su oscura piel entregando incomprensibles folletos. Quienes se quemaron sus brazos con cigarros encendidos protestando contra la bruma narcótica del tabaco del Capitalismo. Quienes distribuyeron panfletos supercomunistas en Union Square sollozando y desvistiéndose mientras las sirenas de Los Alamos los deprimían, y se deprimía Wall, y el ferry de Staten Islan también se deprimía. Quienes rompieron a llorar en blancos gimnasios desnudos y temblorosos frente a la maquinaria de otros esqueletos. Quienes mordieron detectives en el cuello y chillaron con placer en autos policiales por no cometer un crimen salvo su propia pederastia salvaje y su intoxicación. Quienes aullaron de rodillas en el metro y fueron arrastrados por el techo ondeando sus genitales y manuscritos. Quienes permitieron ser penetrados por el ano por virtuosos motociclistas, y gritaron con alegría. Quienes chuparon y fueron chupados por aquellos serafines humanos, los marineros, caricias del amor Atlántico y Caribeño. Quienes eyacularon en la mañana en la tarde en jardines de rosas y en el pasto de parques públicos y cementerios esparciendo su semen libremente a quienquiera que llegara. Quienes hiparon sin cesar tratando de reír pero se torcían de llanto detrás de un cubículo de un Baño Turco cuando el ángel rubio y desnudo venía a atravesarlos con una espada. Quienes perdieron a sus amantes por las tres viejas musarañas del destino, la musaraña tuerta del dólar heterosexual, la musaraña tuerta que hace guiños fuera del útero y la musaraña tuerta que no hace nada sino sentarse en su trasero y corta las hebras doradas intelectuales del vislumbre del artesano. Quienes copularon extáticos e insaciables con una botella de cerveza, un novio, un paquete de cigarrillos, una vela y se cayeron de la cama, y continuaron en el suelo y por los pasillos y terminaron desmayándose en la pared con una visión del último coño y llegaron a eludir el último atisbo de conciencia. Quienes endulzaron las conchitas de un millón de chicas temblorosas en el ocaso, y tenían los ojos rojos en la mañana pero preparados para endulzar las conchitas del sol naciente, destellantes traseros bajo los establos y desnudos en el lago. Quienes iban a putas en Colorado por miríadas en autos robados, N.C., héroe secreto de estos poemas, semental y Adonis del alegre Denver a la memoria de sus innumerables encamadas con chicas en lotes vacíos, patios de bares, hileras de desvencijadas casas rodantes en la cima de montañas, en cavernas o con demacradas meseras en familiares subidas de enaguas al lado del camino y especialmente la secreta estación de gasolina solipsismos de Juan, y callejones pueblerinos también. Quienes se desvanecieron en vastas películas sórdidas, se transformaron en sueños, despertaron en un repentino Manhattan, y se encontraron a sí mismos fuera de los sótanos colgados sobre descorazonados Tokay y los horrores de los sueños de hierro de la Tercera Avenida y tropezaron con las oficinas de desempleo. Quienes caminaron toda la noche con sus zapatos llenos de sangre en los muelles esperando una puerta en East River para entrar a un cuarto lleno de vapor caliente y opio. Quienes crearon grandes dramas suicidas en el apartamento de los acantilados del Hudson bajo el rayo azul de la luna de tiempo de guerra y sus cabezas eran coronadas con el laurel del olvido. Quienes comieron la cazuela de cordero de la imaginación o digirieron cangrejos en el fondo lodoso de los ríos de Bowery. Quienes lloraron por el romance de las calles con sus carritos llenos de cebollas y mala música. Quienes se sentaron en cajas respirando en la oscuridad bajo el puente, y se levantaron para construir arpas en sus desvanes. Quienes tosían en el sexto piso del populoso Harlem con llamas bajo el cielo tuberculoso rodeados por las jaulas naranjas de la teología. Quienes garrapatearon toda la noche golpeando y rodando sobre elevadas incantaciones que en las amarillas mañanas eran estrofas de jerigonza. Quienes cocinaron animales podridos pulmones, corazón, pata, cola borsht y tortilla soñando con el puro reino vegetal. Quienes se zambulleron en camiones de carne buscando un huevo. Quienes tiraron sus relojes del tejado para dar su voto a la eternidad fuera del Tiempo y despertadores cayeron sobre sus cabezas todos los días por la siguiente década. Quienes se cortaron las muñecas tres veces seguidas sin éxito, se rindieron y fueron forzados a abrir anticuarios donde pensaban que se ponían viejos y gritaban. Quienes fueron quemados vivos en sus inocentes trajes de franela en Madison Avenue entre ráfagas de versos plomizos y el parloteo borracho de los regimientos de acero de la moda y los chillidos de nitroglicerina de las agencias de publicidad y el gas mostaza de los editores siniestramente inteligentes, o cayeron por los taxis ebrios de la Absoluta Realidad. Quienes saltaron del Puente de Brooklyn esto realmente sucedió y quedaron desconocidos y olvidados en el aturdimiento fantasmal de los callejones de sopa y camiones de incendio de Chinatown, ni siquiera una cerveza gratis. Quienes cantaron por sus ventanas de desesperación, cayeron de la ventana del metro, saltaron en el sucio Passaic, brincaron en negros, gritaron por toda la calle, bailaron descalzos en trozos de copas de vino rotas grabaciones de fonógrafos de la nostalgia Europea jazz alemán de 1930 terminaron el whisky y se lanzaron gemebundos en baños sangrientos, gemidos en sus oídos y la ráfaga colosal del silbido del vapor. Quienes rodaron por las carreteras del viaje al pasado para cada uno el látigo del Gólgota reloj de la soledad de la cárcel o encarnación del jazz de Birmingham. Quienes condujeron una visión para encontrar la eternidad. Quienes viajaron a Denver. Quienes murieron en Denver. Quienes volvieron a Denver y esperaron en vano. Quienes aguardaron en Denver y empollaron solos en Denver y finalmente se fueron para encontrar el Tiempo, y Denver es solitario para sus heroínas. Quienes cayeron de rodillas en catedrales sin esperanza rezando por la salvación de cada uno y la luz y los pechos, hasta que el alma iluminara su cabello por un segundo. Quienes chocaron con sus mentes en la cárcel esperando criminales imposibles con cabezas doradas y el encanto de la realidad en sus corazones que cantaban dulces blues a Alcatraz. Quienes se retiraron a México para cultivar un hábito, o a Rocky Mount para ofrecer Buddha o Tánger a los muchachos al Southern Pacific a la locomotora negra o a Harvard a Narciso a Woodland para la sepultura o daisychain. Quienes exigieron juicios de cordura acusando a la radio de hipnotismo y fueron dejados con su locura y sus manos y un jurado colgado. Quienes arrojaron papas saladas a los conferencistas de Dadaísmo en CCNY y subsecuentemente se presentaron ellos mismos en las baldosas de granito del manicomio con cabezas rapadas y un discurso arlequinesco de suicidio, demandando una lobotomía instantánea, y quienes a su vez se entregaron a la nulidad concreta de la insulina, Metrazol, electricidad, hidroterapia, psicoterapia, terapia ocupacional, ping pong y amnesia. Quienes en protesta seria dieron vuelta sólo una simbólica mesa de ping pong, descansando brevemente en catatonia, volviendo años después verdaderamente calvos excepto por una peluca de sangre, y lágrimas y dedos, a la visible fatalidad del hombre loco de los pupilos de los pueblos locos del Este, salas fétidas de Pilgrim States Rocklands y Greystone discutiendo con los ecos del alma, pegando y rodando en la soledad-banca-dolmen-reinos del amor de medianoche, sueños de vida en una pesadilla, cuerpos convertidos en roca tan pesados como la luna, con la madre finalmente, y el último libro fantástico arrojado por las ventanas del departamento, y la última puerta cerrada a las 4 A.M. y el último teléfono pegado a la pared sonando y la última pieza amueblada, un papel rosa amarillo torcido en un colgador de alambre en el closet, e incluso eso imaginario, nada sino un poco de esperanzadora alucinación ah, Carl, mientras no estés seguro yo no estoy seguro, y ahora tú estás realmente en la sopa animal total del tiempo y quienes por lo tanto corrieron a través de las calles congeladas obsesionados con un repentino destello de la alquimia del uso de la elipse el catálogo el metro y el plano vibrante. Quienes soñaron y encarnaron brechas en el Tiempo y Espacio a través de imágenes yuxtapuestas, y atraparon al arcángel del alma entre 2 imágenes visuales y unieron los verbos elementales y establecieron el nombre y rasgos de la conciencia al mismo tiempo saltando con sensación de Pater Omnipotens Aeterna Deus para recrear la sintaxis y medida de la pobre prosa humana y ponerse frente a ti estupefacto e inteligente y sacudirse con vergüenza, rechazando incluso revelar el alma para conformarse al ritmo del pensamiento en su desnuda y eterna cabeza, el vagabundo loco y el golpe del ángel del Tiempo, desconocido, incluso poniendo aquí lo que podría dejar de ser dicho en tiempo de volver después de la muerte, y surgieron reencarnados en los trajes fantasmales del jazz en la sombra del corno dorado de la banda y exhalar el sufrimiento de la mente desnuda de América para amar en un eli eli lamma lamma sabacthani saxofón que llora estremeciendo las ciudades bajo la última radio con el corazón absoluto del poema de la vida descarnada de sus propios cuerpos buenos para comer mil años.

    • Vogelfrei

      Allen Ginsberg se está muriendo
      Lawrence Ferlinghetti


      Allen Ginsberg se está muriendo
      dicen los periódicos
      los noticieros
      Un gran poeta está muriendo
      Pero su voz
      no morirá Su voz está en la tierra
      En Lower Manhattan
      en su propia cama
      está muriendo
      No podemos
      hacer nada
      Está muriendo la muerte que todos mueren
      Está muriendo la muerte que mueren los poetas
      tiene un teléfono en la mano
      y desde su cama en Lower Manhattan
      llama a todos
      Tarde en la noche
      en todos los lugares del mundo
      el teléfono suena
      “Habla Allen”
      dice la voz
      “Habla Allen Ginsberg” Cuántas veces han escuchado esa voz
      en todos estos grandes años
      No tendría que decir “Ginsberg” En todo el mundo
      en el mundo de los poetas
      solamente hay un Allen
      “Quería decirte” dice
      Les dice lo que sucede
      lo que se le viene
      encima
      La muerte la amante oscura
      se le viene encima
      Su voz viaja vía satélite
      sobre la tierra
      sobre el mar de Japón
      donde un día él se alzó desnudo
      tridente en mano
      un hombre joven de barba negra
      como un joven Neptuno
      de pie en una playa de piedras
      Hay marea alta y las aves marinas lloran
      Las olas rompen contra él
      y las aves marinas lloran
      en la costa de San Francisco
      Sopla un viento fuerte
      hay olas enormes
      azotando el Embarcadero
      Allen está en el teléfono
      su voz está en las olas
      Yo leo un libro de poesía griega
      en donde está el mar
      y los caballos lloran
      donde los caballos de Aquiles
      lloran
      aquí junto al mar
      en San Francisco
      donde las olas lloran
      Hacen un sonido sibilante
      profético
      Allen
      susurran
      Allen

      • Vogelfrei

        La vida sin fin
        Lawrence Ferlinghetti


        No tiene fin
        la espléndida vida del mundo
        no tiene fin su hermoso vivir
        su hermoso respirar
        sus hermosas criaturas sensibles
        observando escuchando y pensando
        riendo y bailando
        suspirando y llorando
        a través de las tardes sin fin
        noches sin fin de amor y éxtasis
        alegría y desesperanza
        bebiendo y fumando
        charlando cantando
        en los Amsterdams sin fin
        de la existencia
        de animadas conversaciones sin fin
        y de los cafés sin fin
        en los cafés literarios de las mañanas de lluvia
        sin fin las películas de la calle que pasan
        en los automóviles en los tranvías del deseo
        en las inagotables vías de la luz radiante

        Sin fin el baile de las melenas
        al ritmo sin aliento del punk rock
        y de la música disco su aire en la cabeza
        a través de las medianoches de la Vía Láctea
        hasta los paraísos del amanecer
        hablando fumando y pensando
        de todo aquello que en la noche no tiene fin
        en lo blanco de la noche la luz de la noche
        Ah sí el vivir y amar no tienen fin
        odiando y amando besando y matando
        No tienen fin los latidos la respiración la procreación
        la rueda de la vida de carnes
        girando constantemente en el tiempo
        Vida sin fin muerte sin fin
        no tienen fin el aire y la respiración
        Mundos sin fin
        en los que los días nunca terminan
        en las capitales del otoño
        sus grandes avenidas de hojas en llamas
        Sin fin los sueños y los cuerpos
        en los que el sueño desovilla
        las mangas tejidas de la ansiedad
        los laberintos del pensamiento
        las laberínticas ensoñaciones del amor
        las espirales del deseo y su exageración
        los innumerables finales de lo innombrable
        Sin fin los cielos incendiados
        sin fin el universo que gira
        Mundo sobre una hoguera de hongos
        No tiene fin el fuego que respira en nuestros cuerpos
        tatuados comedores de fuego bailando en las plazas
        tragando el aire incendiado de la gasolina
        Valiente el corazón batiente de la vida llameante
        sus pulsos compases y llamas apagadas
        Sin fin los campos de los sentidos
        los olores del deseo del amor
        los maullidos de los gatos en celo
        el aroma intenso de los sexos
        El sonido de los que hacen el amor no tiene fin
        el sonido de las camas chirriantes no tiene fin
        el gemido de los amantes no tiene fin
        escuchado en la noche a través de las paredes
        Los gritos del éxtasis inacabables
        las voces encendidas
        en la última y perdida culminación
        el ruido de las máquinas de música saltando
        el fluir del jazz del esperma sus ritmos
        difunden su energía en el paraíso
        Y luego los intentos de fuga no tienen fin
        huir de la náusea de Sartre
        de las colinas peladas
        donde se consumió la sensación
        en el lento fuego del tiempo
        de la alegría de vivir desesperanzada
        de los barcos cargados de ilustración
        de los barcos cargados de mierda
        que aún flotan
        en los infernales ríos de Caronte
        codicias histerias paranoias
        poluciones y perversiones
        Sin fin l’homme revolté
        en el anónimo rostro de la muerte
        en las huellas del estado monstruo
        No tiene fin sus visiones anárquicas
        No tiene fin su alienación
        No tiene fin su poesía alienada
        tábano del estado
        portador de la esencia de Eros
        No tiene fin el sonido de la vida
        del hombre que vive en la tierra
        las audiciones radiales sin fin
        las transmisiones de tv sin fin
        No tienen fin
        los rollos de papel en la rotativas
        el fluir de las palabras y las imágenes
        en las cintas de las máquinas de escribir
        escritura automática y garabatos
        sin fin los pòemes dictés por lo desconocido
        sin fin los llamados telefónicos
        hacia los confines de la tierra
        y la espera de los amantes en las terminales
        y el llanto de los pájaros en las terrazas
        y el graznido constante de los cuervos en el cielo
        y el multiplicado canto de los grillos
        y los mares rugientes y las aguas gimientes
        alzándose y cayendo sobre guijarros distantes
        y las mareas lamedoras durante los Idus del otoño
        beso salitroso de la creación
        Infinitas las campanas del mar anunciándose
        Más allá de las represas y los diques de la vida
        y el repetido llamado de las campanas
        en las iglesias vacías
        en las torres del tiempo
        Infinita la manifestación de calamidades
        del barbado hombre santificado
        No tiene fin
        La cuerda del corazón del mundo
        desenroscándose
        resplandeciente en el tiempo
        brillando a través del espacio
        No tienen fin los cruceros turísticos
        atravesándola
        barquitos pequeños en los canales infinitos
        millones de ventanas en llamas en el atardecer
        la ciudad quemándose con las sobras de la luz
        los distritos de faroles rojos brillan y danzan
        con pijas porno pijas de neón
        y los vibradores que vibran sin descanso
        en las piezas de edificios a medio derruir
        Sin fin el movimiento de las mandíbulas
        masticando las carnes de los sandwiches del deseo
        los jugosos bifes anchos del amor
        Sin fin los sueños y los orgasmos
        ritos de fertilidad ritos de pasaje
        y el vuelo de las aves fértiles
        sobre los techos de las casas
        y los huevos que caen en los nidos
        en las vaginas sin fin
        los intentos y tentaciones de la carne
        en las habitaciones por hora del amor
        donde canta la paloma golpeada
        No tiene fin el nacimiento de las criaturas
        en los sitios donde el amor y el deseo
        han tomado aposento
        Sin fin el dulce nacimiento de la conciencia
        y sus amargas muertes en vano
        Sin fin el marchitamiento
        de las pieles las frutas efímeras fugaces
        y las sirenas de neón
        cantando unas a otras en alguna parte
        Sin fin las leves variaciones
        de lo absolutamente familiar
        los fuegos de la juventud
        las brasas de la ancianidad
        la furia del poeta renacido
        No tiene fin toda creación
        en la danza muda de las moléculas
        Todo se transmuta todo cae en el silencio
        y todo gime llora una y otra vez
        Sin fin la espera interminable
        Dios y Godot
        nunca terminan de llegar
        No tienen fin las acciones los planes
        los dilemas y las demoras
        Absurda la espera que anula la acción
        y desea que ya no existan las guerras
        y desea la desaparición de los estados
        Es inútil la espera que niega la acción
        No tiene fin la lucha entre el bien y el mal
        las cabriolas del destino los viajes del odio
        sin fin la energía nuclear
        la energía interna de la tierra
        las reacciones en cadena sin fin
        del fogonazo final
        que fallan en sus intentos
        mientras las Blancas Bicicletas de la protesta
        circulan lentamente a su alrededor
        Pues algún día estos dioses con rostros caninos
        que calzan zapatos a la moda escarpines de Gucci
        botas tejanas y sombreros de latón
        y viven en bunkers
        con muchos botones e interruptores
        a su alcance
        desaparecerán les llegará el fin
        Pues lo que nunca tendrá fin
        es la esperanzadora posibilidad
        de elegir en nuestras encrucijadas
        elección que aún no ha sido realizada
        elegiremos
        la iluminación de las mentes oscuras
        los senderos de la gloria
        los verdes gigantes de la casualidad
        los anzuelos de la esperanza
        en los pantanos del desaliento
        las colinas en la distancia
        los pájaros en los arbustos
        los arroyos de la luz oculta
        las melodías desconocidas
        las sesiones del pensamiento dulce y silencioso
        y las muertes felices de los corazones todos los días
        y las pijas de barro
        y los pies enfundados en zapatillas
        recorriendo la bahía
        Y es más
        son infinitas las puertas
        de la percepción que aún deben ser abiertas
        y los potentes chorros de luz
        en el elevado espíritu del hombre
        en el espacio exterior muy dentro nuestro
        en el Amsterdam del Ying y del Yang
        Sin fin las rubaiatas sin fin las beatitudes
        sin fin los shangrilas sin fin los nirvanas
        sutras y mantras sin fin
        satoris y sensaras sin fin
        Bodhiramas y Bodisatvas
        Karmas y Karmapas
        Sin fin las Shivas cantando danzando
        en los humeantes vientres del éxtasis
        Brillos trascendencia
        penetrando la cristalina noche del tiempo
        en el silencio sin fin del alma
        en la larga y altisonante historia del hombre
        en el sonido y la furia sin fin
        significando todo
        con sus alucinaciones sin fin
        adoraciones e iluminaciones
        y destrucción total
        y erecciones e exhibiciones
        fascismo y machismo
        circos de las almas extraviadas
        parques de diversión de la imaginación
        Coney Islands
        del poema sin mente sin fin
        dictado por la voz individual
        del inconsciente colectivo
        ciego en las huellas
        del tiempo
        En los últimos días de Alejandría
        El día que precede a Waterloo
        Los bailes prosiguen
        En la noche se escuchan
        los sonidos de una fiesta bulliciosa

        • Robin.the wolf

          Te agradezco que le hayas colocado como favorito a HOY TE OLVIDO.
          Saludos desde Panamá

            • Vogelfrei

              gracias a ti querido amigo por publicar tus escritos!!! una placer pasar a leerte!! saludos de argentina abrazos y cuídate mucho!!!

            • lyi roseblue

              Gracias por llevar a favoritos
              Tal vez ya sin retorno
              Saludos cordiales

                • Vogelfrei

                  gracias a ti por tus hermosos escritos un placer el pasar el leerte, abrazos y cuídate mucho!!!

                  • lyi roseblue

                  • Dulce

                    Gracias Vogelfrei por guardar mis escritos, abrazo

                      • Vogelfrei

                        gracias a ti querida amiga, continua publicando que lo haces muy bien, saludos y abrazos cuídate mucho

                      • Eco del alma

                        Muchas gracias estimado amigo por su visita y guardar mis letras
                        Un gran abrazo y cordiales saludos
                        Eco del alma

                          • Vogelfrei

                            gracias a ti seguiré pasando a leerte cada vez que publiques abrazos y saludos para ti también amigo mío,

                          • Julián Yanover

                            [email protected] a Poemas del Alma!

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