La poesía transgresora de Ángelo Néstore

Para qué escribimos. Esta es sin duda la pregunta fundamental que nos hacemos quienes nos dedicamos a este oficio. ¿Para qué me siento yo, con mayor o menor disciplina, a ordenar palabras-ideas en una hoja? ¿Para comunicar qué cosa, por qué y para quién? Como lectores también hurgamos en esta inquietud cuando nos acercamos al trabajo de otros escritores. Entender cuáles son las razones que llevan a alguien a empuñar la pluma resulta un estimulante punto de partida para saber hacia dónde nos dirigimos, tanto en el acto creativo (al escribir) como en el acto reflexivo-constructivo (al leer).

Algunas lecturas resultan tan potentes que traen incorporada la respuesta; al zambullirnos en ellas entendemos enseguida los objetivos y la mirada que el autor quiso plasmar. De libros así vengo a hablarles hoy. De dos magníficos poemarios: “Actos impuros” (Hiperión) y “Adán y Nada” (BadaAparte) de Ángelo Néstore. En ellos la única respuesta posible frente a la vida y la literatura parece ser: escribir para ordenar el significado de los cuerpos y limpiar el mundo de prejuicios y prohibiciones.

“Actos impuros”, cuando nacer es explicarse

“Actos impuros” (XXXII Premio de Poesía Hiperión) puede leerse como la búsqueda del propio lugar en un mundo que corrige constantemente nuestra percepción, que la endereza, la golpea, para hacernos ver y creer aquello que se ha planteado como razonable. En un mundo normalizante es importante escribir con la fuerza con la que lo hace Ángelo para dejar en evidencia que cada vez que nos dejamos apabullar por las estructuras estamos tomando la decisión de no ser libres, y colaborando con ese mismo sistema que criticamos.

Las inquietudes, la incomprensión, el desamor, no nos sirven de nada si no los cuestionamos, si no llevamos al límite los signos de interrogación y buscamos nuevas miradas sobre esos mismos temas. De alguna forma Ángelo nos invita a devolver nuevas respuestas ante las eternas preguntas de siempre. Ideas sorprendentes, auténticas, desligadas de la lógica determinante a la que estamos acostumbrados. Y, sobre todo, nos anima a resignificar nuestra relación con el cuerpo. Entender qué somos, partiendo de lo que vemos en el espejo y no de aquello que nos han señalado como propio. Este, pienso, es un muy buen punto de partida para cualquier construcción identitaria y poética.

Reescribirse, cuestionarse la propia identidad es el hilo conductor de todo este libro, que se halla lleno de preguntas y dudas y casi no ofrece respuestas. En él los poemas se van encastrando mediante imágenes, experiencias, dudas y construcciones oníricas que dan paso a un mapa perfecto de aquello a lo que nos enfrentamos cuando decidimos dejar de ser lo que los demás han escrito y tomamos la pluma de nuestra vida.

Es también un libro que habla sobre el peso de la sangre. La mujer-madre que tiene la llave para salvarse y salvar a los suyos y que prefiere servir de instrumento para la perpetuación de un sistema injusto y perverso; el hombre-padre que se sienta a la mesa con la certeza de que el mundo le pertenece. Este tema, tan delicado, lo trabaja Ángelo con absoluta valentía, desterrando todos los prejuicios, doblando las preguntas hasta el cansancio.

Existen muchas formas de encontrar la propia identidad pero todas ellas comparten un punto en común: se requiere de un desprendimiento absoluto de los prejuicios y las imposiciones sociales. Algo así como un nuevo nacimiento. Sobre eso leemos en “Actos impuros” donde el personaje que habita las páginas se lanza al vacío en una carrera que sabe que puede condenarlo a la soledad, pero que ve necesaria.

Una raza nueva de hombres. Aquí yace el clímax de la búsqueda. Hombres capaces de dejar atrás la tradición heteropatriarcal y de jugarse por una identidad que esté a mitad de camino de los géneros, una nueva identidad, trans, donde todo deba ser reaprendido y puesto en tela de juicio. Una nueva raza de hombres que colabore con la apertura de las persianas.

Otra de las cosas que me ha llamado la atención y que me parece interesante es la ambigüedad escondida en la idea de la maternidad. Hay numerosos cuestionamientos en torno a ciertas sentencias que yacen en lo profundo de nuestra idiosincrasia, como un estigma que no se puede cuestionar. ¿Ser madre es haber nacido con la capacidad de amar, cuidar y proteger mejor? Y si no es así, ¿quién determina la urgencia-necesidad-posibilidad de un sujeto para ser madre? ¿la biología?,
¿la sociedad?, ¿la historia? Hablar de la madre en femenino pero apropiándose del rol. Esto es lo que hace Néstore, aferrándose a un lenguaje de a ratos inquietante y por momentos límpido, en el que se asoma la ternura, el desconcierto, pero sobre todo, la necesidad sublime de darse, de amar. Esa necesidad de la que nos cuesta tanto escapar, porque no podemos racionalizarla, porque es cuerpo que desea ser y darse, no cerebro que determina cuándo y dónde.

Sin duda, “Actos impuros” es un contundente poemario que se construye desde una búsqueda personal y política interesante y necesaria. ¡No dejen de leerlo!


 
 
 
 
ACTOS IMPUROS
Ángelo Néstore
Hiperión
978-84-900209-8-2
62 páginas
10 €
 
 
 
 
 

“Adán o Nada”, la poesía también debe transformarse

En “Adán o Nada. Un drama transgénero” (Bandaàparte Editores), Néstore rechaza las fronteras. La única forma de reconstruir más allá de las barreras sexuales y raciales estereotípicas es ir más allá del género; por eso es importante este libro, que se apoya en el teatro y el arte interdisciplinar para dejar constancia de la lucha por la identidad de género (que podemos empezar y encabezar todos si así lo deseamos). Un buen argumento para partir.

Si bien estos dos libros son diferentes comparten tiempo y oficio de escritura. Hay un punto autoreferencial que tiene que ver con la identidad homosexual y la violencia que rasura los propios deseos desde el subconsciente cuando decidimos actuar conforme a lo que palpita en nosotros, y está también esa lucha desesperada por escribir la propia historia muy latente en ambos. Y pienso que, en ese sentido,ambos poemarios comparten tensión y objetivos.

Sin embargo, mientras “Actos impuros” es una constante pregunta que se estira a lo largo de todo el libro e intenta descubrir la risa en el llanto, “Adán y Nada” es una reconstrucción de la propia identidad desde otro lugar, con dudas pero también con ciertas certezas y razones innegociables. Y en él, Néstore construye una obra teatral poética absolutamente impactante.

Partimos de la pérdida del hijo, un sentimiento común que compartimos nomadres y nopadres. La certeza de no ser parte del camino genético de la especie y de alimentar un desagüe que va a parar al vacío, es decir, de ser artífices de una vida que no llegará a destino en el acto de amar y ser amados, es uno de los primeros temas que atraviesan los poemas. Los textos son inquietantes, directos y ásperos. Esto demuestra que existe una delicada búsqueda de un lenguaje que hable de la suciedad (una identificación también presente en “Actos impuros”) y de una vida que no termina en otra vida sino en la muerte, sin alejarse demasiado de los colores de la propia experiencia. Lidiar con esa idea sin duda es uno de los aspectos más difíciles del ser humano no procreador; porque en ese punto nos alejamos de la propia naturaleza para decidir nuestro destino revelándonos incluso a ella. Y pienso que hay ideas muy interesantes en el libro sobre este tema.

Hay, por otro lado, un conjunto de imágenes que hablan de la contradicción entre afrontar la identidad o aceptar un destino que conduce al verdadero vacío. Ser el primero de una raza de hombres nuevos, que crean vida del dolor de la pérdida, que se construyen en las cunetas convencidos de que otra vida es posible y que son capaces de romper con los roles aprendidos que no los representan y atreverse a abrir la caja para dejar fluir la voz, el cuerpo, de quien realmente son. Ese es el cielo al que observa y se dirige el poeta. Y en ese romper-arañar-resignificar encuentra una nueva identificación: con la madre. Se mira en todas las madres que han sido anuladas por generaciones y generaciones de patriarcamachismo y resurge como el nuevo hombre (otra idea presente también en el otro libro).

En este punto “Adán y Nada” abre las alas y nos muestra del material del que está hecho. Un libro-cuerpo que nace de la nada para surgir hombre-mujer que cambia la mirada sobre el mundo y las cosas. Esta nueva identidad podría presentarse como el resultado definitivo de la búsqueda-pregunta constante de “Actos impuros”; podríamos decir, entonces que ambos libros se necesitan mutuamente porque mientras uno duda-pregunta el otro responde-protesta, en un loop constante de identidades que se contradicen que buscan salir de la caja-jaula y plantear nuevas posibilidades no ya sólo para el ser poético sino también para los lectores.

A medida que avanzamos en la lectura herencia, madre, mundo, historia se mezclan y pierden relevancia. La nueva voz-identidad surge de las sombras y quiere identificarse con cosas no dichas, con lo que emerge del subconsciente en nuestros sueños, con el mutismo de los que no han tenido tiempo de preguntarse qué/quiénes son y han aceptado la derrota antes de tiempo. La herencia ha caducado, sólo queda un niño que mira un cuerpo extraño en el espejo y un hombre que sabe exactamente a dónde han ido a parar las dudas de ese niño, una casa vieja que ya no es jaula y un renacer de Adán como Eva, ave que vuela y transforma su mirada sobre el mundo. Y en ella, surge la certeza de que renacer es escribirse sobre el vacío, sin nadie que nos reconozca-nombre.

Si les he recomendado la lectura de “Actos impuros”, los impulso a lanzarse de cabeza sobre “Adán y Nada” porque en él encontrarán no sólo un conjunto de brutales imágenes sino también una nueva forma de hacer poesía, desde los márgenes.

 
 
 
 
ADÁN Y NADA
Ángelo Néstore
Bandaàparte Editores
978-84-946129-9-2
80 páginas
15 €



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