Ataque a Fram

ataque-a-framSe sabe, o se debería saber, que el miedo paraliza.

En el libro Ataque a Fram escrito por Roberto Zub Kurylowicz, y publicado por la editorial El Lector, los lectores se encontrarán cara a cara con la manipulación y el régimen de terror que ejercían las autoridades sobre los colonos eslavos en el Paraguay durante la Guerra Fría.

¿Quién o quiénes buscarán nuestro país, o cualquier otro, para convertirlo en colonia, si no hay lo más elemental, lo más explícito, o sea la paz y la seguridad?

Escribe Roberto Zub algo que hace a la esencia misma de la colonización: «Lo sucedido en Fram puso al descubierto la fragilidad de la inmigración y puso fin a uno de los más exitosos procesos paraguayos de colonización».

El autor de este texto, valioso y valiente, por cierto, se dispuso a investigar exhaustivamente una época de terror, encarcelamientos y persecuciones que vivieron los inmigrantes eslavos en nuestra tierra. ¿Por qué tanto hostigamiento? Sencillo, elemental: el Gobierno buscaba comunistas y necesitaba inventarlos a cualquier costa cuando el escenario político internacional fue distinto y el Paraguay se sumó a la Guerra Fría.

En la medida en que los colonos trataban de defenderse, de demostrar su inocencia, de reclamar justicia ante los ataques de las autoridades, se agigantaban las llamas de la contrariedad de la prensa, en especial de Patria, que ya hablaba de una «intensa agitación» movida por los «colonos comunistas».

Según Nicolás Burdyn, primer descendiente de inmigrantes graduado en Agronomía en la Universidad de Asunción, fue Regino Vigo el que cometió uno de los delitos de mayor resonancia e impacto en toda la historia de la migración en 1939 contra los colonos. Era también conocido ese patético y espeluznante personaje, con el seudónimo de Juan Lobo.

El 16 de marzo de 1955, el poblado fue atacado por una fuerza militar combinada entre soldados de la marina y la policía. Para el diario El País, Fram era un pueblo de agentes «bolches» que soliviantaron a la población de la colonia.

Los libros, siempre los libros, constituían el objeto de la movilización de los atacantes, y el justificativo de los apresamientos. He aquí las palabras delirantes del comandante Narváez ante la reacción airada de varios colonos que exigían la liberación de los detenidos: «Señores. Hemos llegado hasta aquí con este heroico batallón de soldados paraguayos. Llegamos muy temprano y estamos recorriendo las casas donde hemos constatado la existencia de un peligroso y vasto material comunista. Hemos encontrado libros de peligrosos autores como Gorki, Tolstoi o Dostoievski…».

Saúl Riquelme, ex Juez de Paz, quien conoció muy de cerca y por más de 40 años a los colonos, había dicho en el marco de una entrevista: «Yo conocí el caso y en realidad sé que varios fueron los acusados de comunistas, pero no necesariamente eran comunistas. En su mayoría solo los calumniaron a esta pobre gente».

Un punto muy importante dentro de la lectura: «La represión acabó con las expresiones artísticas, la cultura y el idioma de un pueblo que son elementos mediante los cuales se expresa su identidad y su afirmación humanos. Al impedirlos, se compromete el desarrollo y la reproducción de la identidad ancestral. Quienes permanecieron, fueron silenciados y vivieron una experiencia de inserción traumática».

Y yo me pregunto: ¿Y cómo puede el individuo ser, estar, expresarse y conectarse, sin conciencia política?
Ah… el oscurantismo, el salvajismo y la paranoia de las mentes totalitaristas.

Lo concreto es que esa época de manipulaciones, conspiraciones, espionaje y apresamientos generó un ambiente de miedo, de parálisis emocional, de pesadillas y traumas que dejaron estados casi irreversibles en muchos inmigrantes eslavos. La gente, estigmatizada, empezó a salir del país masivamente rumbo a Buenos Aires.

Comentarios1

  • isapoema

    Un libro muy interesante, leyendo el artículo quisiera tenerlo ya en las manos, es apasionante , siempre se repite la historia, lo que mas destruyen son los libros, las ideas, los pensamientos, y siempre habrá alguien que lo diga, seguro un buen libro.
    Expresarse libremente siempre es castigado por los tiranos,
    "paranoia de las mentes totalitaristas" que bien dicho, totalitaristas o enfermas,.
    Un saludo.

    • Delfina Acosta

      Así es, amiga. La paranoia de las mentes totalitaristas reprime la expresión.
      Vaya un saludo grande para vos.



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