Al alba, un hombre de capa negra
y sombrero de paja
despierta en el pueblo oculto.
Ordeña sus tres vacas:
veinte litros de leche justos,
un vaso tibio sobre la mesa,
un pedazo de queso rancio
y las pocas monedas que miden el día.
Su corazón calla
desde que los pastizales enmudecieron.
Allí descansan sus tres únicos amores,
su propia sangre:
la Florencia joven,
la Florencia adulta,
la Florencia vieja.
Tal vez en la ciudad
lo aguardaba el reencuentro.
Descendió por valles y vientos,
guiado por los ojos de la noche.
Encontró la urbe de los miles,
más densa que los granos de trigo
de su tierra.
Todos sostenían aperos rectangulares.
Movían los dedos
con una habilidad asombrosa,
extrayendo de las tablas una luz blanca,
pálida como el suero.
Nadie lo interrumpió;
en su memoria,
el carpintero labraba la madera en silencio.
Dio la vuelta
y regresó a la aldea,
cargando solo el peso de la distancia.
Allá siguen
los moradores de la urbe,
entrenándose incansablemente
en el noble oficio
de ordeñar una luz
que no se bebe.
Como la hiedra que intenta trepar la nieve
sin hallar un sol de invierno,
el hombre de capa negra
y sombrero de paja
dejó de oír la tierra.
Murió.
En su pueblo, todavía no hay señas de Dios.
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Autor:
Vjekoslav Darlić Mardešić (
Online) - Publicado: 7 de noviembre de 2026 a las 12:44
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1
- En colecciones: Antología.

Online)
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