El ladrón y el pobre

Jose de amercal

Aquí la delincuencia es astuta,

sabe salir y entrar sin problema,

la ley parece de cartón y fruta,

que solo al pobre le pone sistema.

El ladrón sale antes de lo que canta

el gallo, y vuelve a salir de paseo,

y el ciudadano que lo aguanta

solo cuenta con su miedo y su deseo,

¡qué gran justicia tan eficiente!

Atrapa al pobre y suelta al valiente.

 

 

Los poderes funcionan de maravilla,

cada uno cuida bien al compañero,

si escarbas, encuentras la semilla

de negocios entre el público y el dinero.

«Es transparencia», dicen con sonrisa,

mientras reparten el pastel a trozos,

y si alguien pregunta, es de prisa,

que aquí no pasa nada… ¡qué falso!

Todos juegan en el mismo tablero,

y nosotros pagamos el dinero.

 

 

Un robo pequeño y vas a la cárcel,

robas millones y te dan abogado,

la justicia cambia de aire y de traje,

según cuánto tengas en el costado.

«Se está investigando», repiten siempre,

pasan los años y no hay resultado,

el caso duerme tranquilamente,

y el culpable… vive bien descansado,

¡qué imparcialidad tan encantadora!

Para unos hay celda, para otros… ¡Sonora!

 

 

 

Y al final nos dicen con cara seria:

«Estamos mejorando la seguridad»,

mientras el miedo ya es nuestra aldea

y la confianza… ¡qué gran falsedad!

Cambian leyes, hacen grandes discursos,

pero el bolsillo ajeno siempre importa,

y el que manda siempre tiene el curso

que le conviene a su propia costa.

¡Qué país tan bien administrado!

El que roba poco, es atrapado; el que mucho… ¡es respetado!

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