La vereda, rama otoñal de hojas secas,
florece en sus orillas
con nubes de agua, con palabras mudas.
Sus frutos se esconden al caer la escarcha,
ajenos a barcos que no pueden quebrarla
porque jamás cruzan por allí.
Sobre su lomo, álamos revoltosos y alegres
se agitan unos a otros, deseando hundir raíces
en las grietas que la surcan.
La vereda es amable, como una mano abierta.
La habita la hiedra, convertida en túmulo
para que nadie la mueva y las pisadas se miren,
como si nunca se hubieran visto.
A veces, fatigada, duerme con luciérnagas
que se ocultan de la sombra hambrienta,
adornada con brasas que dibujan
una tarde de sol anaranjado y cansino.
Suele estar acompañada de pájaros
que la abrigan con sus nidos,
mientras la niebla apaga sus trinos.
Sin su canto,
la calle no podría llamar a los amantes que,
bajo el farol, se cubren de alondras.
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Autor:
Vjekoslav Darlić Mardešić (
Online) - Publicado: 4 de noviembre de 2026 a las 13:55
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: huertero
- En colecciones: Antología.

Online)
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