Mi rostro sobresale del agua aferrada
a los últimos bocados de aire
que alargan esta cruda existencia.
Siento las delicadas caricias de la hierba
a mi alrededor recordándome
cuan frágil es el acto de sentir.
Mi cuerpo mojado entre turbulentas aguas
apenas encuentra fuerzas para abrazarse a sí mismo
mientras el frío penetra mi piel desnuda ,
reclamando cada rincón de mi ser.
Expuesta a las laceraciones de las parcas
sueltas del futuro
que son arrastradas por los finos y elegantes
movimientos de la corriente de la vida,
yo no hago más que contemplar
cómo se desvanecen los últimos vestigios
de aquello que alguna vez fui.
Solo siento como lentamente me hundo,
me sumerjo en el río del desdén y la desesperanza
dejando que sus aguas sepulten todo cuanto desee
todo cuanto anhelé,
esos pequeños fragmentos de sueños
que alguna vez se atrevieron a florecer dentro de mí ,
uno a uno mis deseos se extinguen
bajo la superficie, mudos, olvidados
como oraciones pronunciadas ante el cielo
que han sido dejadas de escuchar.
Pequeños rayos de luz atraviesan
la espesa estela de la desolación,
pasando entre las sombras como una burla del destino,
su tibieza acaricia cruelmente mi rostro
iluminando aquello que ya no puede ser salvado,
porque incluso la luz puede ser cruel
cuando no viene a rescatarte,
sino a mostrarte que tu destino ya ha sido escrito.
Y en algún lugar
entre las páginas manchadas del tiempo
mi nombre espera su última sentencia:
el olvido.
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Autor:
NATALIA BRONSTEIN (
Online) - Publicado: 31 de octubre de 2026 a las 03:01
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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