Historia del olvido

Yull Eduardo


AVISO DE AUSENCIA DE Yull Eduardo
No dejes acabar tu motivación, sigue con tus poemas Yull!

En unos años, nuestros poemas pasarán a la historia del olvido,
olvidos sepultados por viejas promesas incumplidas.

Las letras se oxidarán sin musa; los relojes cumplirán su cometido infernal: un adiós.

Las viejas costumbres quedarán en el pasado, al recordar que las fechas nos suplicarán por su último rito.

Pero ¿qué culpa tiene el caracol si este no es su asunto? Pues mis palabras afiladas han matado aquello de lo que tanto reíamos y por lo que tanto suplicábamos a una orden celestial, para que su amor fuese infinito.

El piso ya conoce mis lamentos, ya conoce sus lágrimas, ya conoce sus razones. Y me culpan con la razón, para hacerme entender que no existen dos universos donde recuperar aquello que alguna vez pareció perfecto.

Te perdí, ratoncita, te perdí entre el cenicero de mis luceros de lágrimas. Te meces en mis recuerdos; el reloj ya marcó, me traicionó, pero yo también traicioné su condición: hacerte feliz.

Y aunque nuestros poemas parezcan destinados a la historia del olvido, quisiera creer que aún quedan páginas por escribir, que no todas las promesas están condenadas a morir y que, quizás, el tiempo todavía nos conceda la oportunidad de aprender a amarnos mejor.

Te amo, Antosia.

  • Autor: Desconocido (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 31 de octubre de 2026 a las 00:54
  • Comentario del autor sobre el poema: Antosia, quiero que sepas que, a pesar de todo lo que ha sucedido, todavía tengo esperanza en nosotros. No espero que olvidemos lo que pasó ni que las cosas cambien de un día para otro. Sé que ambos hemos cometido errores y que algunas heridas necesitan tiempo para sanar. No quiero obligarte a quedarte, convencerte de sentir algo ni hacerte cargar con mis emociones. Solamente quisiera que, si todavía existe ese deseo en tu corazón, podamos intentarlo de una manera diferente: con más paciencia, confianza, comprensión y, sobre todo, con Dios en nuestras vidas. No extraño únicamente lo que fuimos; también me gustaría conocer lo que podríamos llegar a ser si aprendemos de nuestros errores. No sé qué nos depara el tiempo, pero sí sé que mi deseo nunca fue que termináramos convirtiéndonos en dos desconocidos. Te quiero, mi ratoncita.
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 1


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