El amparo de Carol: La enfermera del consuelo

Alcides Chavarría🇳🇮

En el blanco silencio de la enfermería, Carol era la calma.

Tres veces crucé su puerta con el cuerpo roto y el susto en los ojos,

y tres veces sus manos de ángel me devolvieron al mundo.

 

Recuerdo la primera vez: el vacío oscuro del desmayo,

el despertar en su regazo mientras el aire regresaba,

y su voz suave diciéndome que todo estaría bien.

 

Luego, el fuego en la piel, la quemadura en el brazo,

y ella aplicando el bálsamo con una delicadeza de seda,

como si cada herida mía le doliera en sus propios nervios.

 

Y la tarde del cristal roto, el estallido del vidrio

cuando la raqueta del Pequeño Juan voló por el aire del juego.

Llegué con el rostro marcado, la sangre asustada en la mejilla,

y Carol, con la paciencia de quien borda la vida,

limpió los fragmentos del accidente sin dejar espacio al miedo.

 

Gracias, Carol, por tus curas que eran más que medicina.

Por tus manos blancas en medio de nuestra selva de becados,

y por cuidar de este joven con la ternura de una hermana mayor.

Si hoy no tengo cicatrices en el alma, es porque tú supiste

sanar con amor cada golpe que la vida me dio en la Isla.

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  • Autor: Alcides R. Chavarría (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 28 de octubre de 2026 a las 13:26
  • Comentario del autor sobre el poema: Tres veces crucé tu puerta con el cuerpo roto: el desmayo, la quemadura en el brazo y el cristal que hirió mi rostro. Carol, con manos de seda, curó mis heridas sin dejar espacio al miedo. Si hoy no tengo cicatrices en el alma, es porque tú supiste sanar con amor cada golpe que la vida me dio en la Isla. En la vida de un estudiante becado en Cuba en los 80 del siglo XX, la enfermería es el refugio de la vulnerabilidad. Un homenaje en gratitud hacia esa hermosa mujer negra, llena de ternura y vocación de servicio.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
  • Usuarios favoritos de este poema: Alcides Chavarría🇳🇮
  • En colecciones: Bitácora de la Gratitud.


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