Alcides Chavarría🇳🇮

El amparo de Carol: La enfermera del consuelo

En el blanco silencio de la enfermería, Carol era la calma.

Tres veces crucé su puerta con el cuerpo roto y el susto en los ojos,

y tres veces sus manos de ángel me devolvieron al mundo.

 

Recuerdo la primera vez: el vacío oscuro del desmayo,

el despertar en su regazo mientras el aire regresaba,

y su voz suave diciéndome que todo estaría bien.

 

Luego, el fuego en la piel, la quemadura en el brazo,

y ella aplicando el bálsamo con una delicadeza de seda,

como si cada herida mía le doliera en sus propios nervios.

 

Y la tarde del cristal roto, el estallido del vidrio

cuando la raqueta del Pequeño Juan voló por el aire del juego.

Llegué con el rostro marcado, la sangre asustada en la mejilla,

y Carol, con la paciencia de quien borda la vida,

limpió los fragmentos del accidente sin dejar espacio al miedo.

 

Gracias, Carol, por tus curas que eran más que medicina.

Por tus manos blancas en medio de nuestra selva de becados,

y por cuidar de este joven con la ternura de una hermana mayor.

Si hoy no tengo cicatrices en el alma, es porque tú supiste

sanar con amor cada golpe que la vida me dio en la Isla.