Junto al quicio
Fueron manos de siembra y de sostén,
relojes que andaban al pulso de otros,
palabras gastadas en abrir caminos
a quien pedía lumbre o dirección.
Hoy el teléfono duerme sobre el hule.
La tarde avanza sin reclamo alguno,
y en el surco encendido de la frente
la luz dibuja una quietud de cal.
La mesa guarda sitio para cuatro
y un solo plato al centro, sin urgencia;
afuera corre el mundo con sus ruidos,
nadie tropieza, nadie pide paso.
Queda el cuerpo sentado junto al quicio,
las palmas boca arriba sobre el muslo;
empieza el agua a golpear los vidrios
y el paraguas, detrás de la puerta,
sigue cerrado.
Antonio Portillo Spinola ©
-
Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 28 de octubre de 2026 a las 05:48
- Comentario del autor sobre el poema: Nace de una frase que me encontré hace poco: la soledad no llega cuando estás solo, sino cuando sientes que ya nadie te necesita. He querido que no la nombrara el poema, sino las cosas.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: noasubin

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