La pringamosa

Azucena Ibatá Bermudez

Por Azucena Ibatá Bermúdez

El otoño apagaba las calles con su luz de ceniza. Dentro de la panadería, el calor del horno y los murmullos demoraban mi salida. Compré un croissant y, al cruzar la puerta, el frío me envolvió. Di un paso y pisé un charco. La salpicadura despertó en mí una irritación desmedida. ¿Por qué me alteraba tanto una simple mancha? Algo en mi reacción venía de más lejos, de un lugar al que no había vuelto en años.

La pringamosa.

El nombre bastaba para devolverme a la maleza de mi infancia. En casa, mis padres me advertían del peligro de acercarme a aquella planta. Sus hojas podían encender la piel y dejar un ardor hasta en los sueños. En algunas fincas crecía junto a las puertas, y los adultos la mencionaban para mantenernos lejos. También decían que el diablo podía llevarnos si no hacíamos caso. Yo, pese a todo, la rozaba con la punta de los dedos. Sus pelos, finos como agujas, me enrojecían la piel. Aprendí a temerla antes de comprender por qué me asustaba tanto.

Con los años, me acostumbré a cuidar los detalles y a dedicar tiempo a lo que hacía. Me costaba aceptar que algo podía estar bien sin llegar a ser perfecto. A menudo me pregunto de dónde nace esa urgencia de rozar lo impecable, si responde a mi propia voluntad o si todavía resuena en mí la voz de la niña que aprendió a obedecer.

Volví la mirada hacia la calle. La niebla borraba los contornos de los edificios. Por un instante, ya no supe dónde terminaba el refugio y comenzaba la intemperie.

¿Cómo saber si me detiene el peligro o la memoria del daño?

La prudencia me ayuda a mirar los riesgos del presente y decidir cómo afrontarlos. Sin embargo, a veces siento que sigo reaccionando ante temores que ya no tienen lugar en mi vida. Me pregunto cuánto de lo que hoy llamo cautela viene de aquella niña que aprendió a vivir a la defensiva. Quizá todavía mantenga en pie algunos límites por no haberme atrevido a traspasarlos.

Esta vez, estoy flotando.

¿Cuántas veces había confundido estar a salvo con renunciar a lo que todavía no conocía?

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