Tus ojos no fueron hechos para guardar tormentas.

Alfredo Ulises Ortiz Castellanos

Tu tristeza se condensa

y precipita sobre mí.

 

Contra todo pronóstico,

contra todo deseo,

soy la causa de una lluvia

que jamás debió existir.

 

Y te miro,

sin saber cómo detener

aquello que yo mismo provoqué.

 

Porque tus ojos

no fueron hechos para guardar tormentas,

mucho menos aquellas

que llevan mi nombre.

 

Me pregunto en qué momento

mis palabras se volvieron nubes,

en qué instante mis silencios

comenzaron a pesar sobre tu cielo.

 

No temo a la lluvia,

ni a la oscuridad que la acompaña.

 

Temo acostumbrarme

a ser quien la provoca,

y que algún día

dejes de esperar

a que el cielo se despeje.



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