He vuelto a casa
y no había nadie.
Encendí la luz
para que al menos alguien
me viera llegar.
Afuera hace frío.
Adentro también,
pero adentro
no hay a quién decírselo.
La mesa como ayer
tiene cuatro patas,
tres sillas y una ausencia
parada en el piso.
Para una charla hacen falta
dos bocas por lo menos.
Yo tengo apenas una,
gastada de no decir un nombre.
¿Quién golpea?
Nadie.
Es el reloj haciendo
la cuenta de sí mismo
y sobre sí.
Hoy yo solo
me basto para todo y a la vez
me sobro.
Botón por botón
me abrocho cada noche
sabiendo que amanezco
abierto siempre igual.
Igual siempre
digo buenas noches
en voz alta.
Y me acuesto
en el borde de la cama,
dejando un lugar.
Un lugar por si acaso,
si acaso alguien,
alguien
todavía.
-
Autor:
Eduardo Villacal (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 26 de octubre de 2026 a las 00:20
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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