Poema filosófico sobre la tecnología y la libertad del alma
No sé si aún, en estos tiempos,
soy esclavo o soy libre;
pues en esta era de la tecnología,
es como si estuviera esclavizado,
trabajando sin recibir paga.
No recibo latigazos literalmente,
pero sí los recibo mentalmente;
y son estos los que atan más fuerte
que una cuerda o una cadena,
dejándome prisionero
de una libertad aparente.
Si Aquel que nos libertó
nos concedió la libertad,
¿por qué sigo siendo esclavo
de mí mismo y de mis bajas pasiones?
Estas no atan mi cuerpo,
pero sí encadenan mi alma,
sellándola dentro de una prisión
mucho mayor y más profunda,
que atormenta mi ser
y me roba la calma.
Un día, aquello que fue creado
con el propósito de ayudar
se convirtió en una esclavitud,
y la verdadera libertad
comenzó poco a poco a menguar.
Pasamos de vivir sin cadenas
a quedar presos de una pantalla,
que mina y roe nuestra esencia
y de nuestra libertad nos separa.
¡Cuántos años quedaron atrás,
cuando salir era suficiente,
cuando un niño podía ser niño,
un adolescente vivir su presente
y hasta un señor conversar amenamente!
Sin preocuparnos por los mensajes,
sin mirar a cada instante el celular,
podíamos compartir nuestras vidas,
reír, conversar y disfrutar,
sin sentir que algo nos llamaba
cada segundo, en cualquier lugar.
Y aquello que debía ser ayuda,
una herramienta para progresar,
se convirtió, para muchos,
en una cadena difícil de soltar.
Por eso, solo puedo agregar algo
que la experiencia me enseñó:
aunque algo pueda ser bueno,
en exceso puede ser perjudicial.
Y si de mi reflexión pasamos
a lo que la Palabra nos enseñó,
recordemos que el apóstol Pablo
nos invita a examinarlo todo,
a retener lo bueno
y apartarnos de aquello que nos aleja de Dios.
Porque no todo lo permitido
nos conviene por igual;
hay cosas que parecen inofensivas,
pero nos pueden esclavizar.
Y si algo comienza a gobernarnos,
si nos roba la paz y la comunión,
debemos preguntarnos seriamente:
¿está ayudando a nuestra vida
o está encadenando el corazón?
Pues no basta con ser libres por fuera
si vivimos cautivos en nuestro interior;
la libertad también exige dominio propio,
sabiduría, conciencia y amor.
Y si Cristo nos llamó a ser libres,
¿por qué volver a la esclavitud?
Que ninguna pantalla ni pasión desmedida
nos robe la paz ni apague Su luz.
Que la tecnología sea nuestra herramienta,
y no nuestra dueña ni prisión;
que podamos usarla con prudencia,
sin entregar nuestro corazón.
Porque la mayor de las cadenas
no siempre se puede ver:
es aquella que domina el alma
y no nos deja escoger.
Y hoy me pregunto, mirando al cielo,
consciente de mi fragilidad:
¿soy dueño de mis decisiones
o soy esclavo de una falsa libertad?
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Autor:
Wuiliam (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 24 de octubre de 2026 a las 15:05
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1
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