jesus alberto porras

¿ESCLAVO O LIBRE?

 

 

Poema filosófico sobre la tecnología y la libertad del alma

No sé si aún, en estos tiempos,

soy esclavo o soy libre;

pues en esta era de la tecnología,

es como si estuviera esclavizado,

trabajando sin recibir paga.

No recibo latigazos literalmente,

pero sí los recibo mentalmente;

y son estos los que atan más fuerte

que una cuerda o una cadena,

dejándome prisionero

de una libertad aparente.

Si Aquel que nos libertó

nos concedió la libertad,

¿por qué sigo siendo esclavo

de mí mismo y de mis bajas pasiones?

Estas no atan mi cuerpo,

pero sí encadenan mi alma,

sellándola dentro de una prisión

mucho mayor y más profunda,

que atormenta mi ser

y me roba la calma.

Un día, aquello que fue creado

con el propósito de ayudar

se convirtió en una esclavitud,

y la verdadera libertad

comenzó poco a poco a menguar.

Pasamos de vivir sin cadenas

a quedar presos de una pantalla,

que mina y roe nuestra esencia

y de nuestra libertad nos separa.

¡Cuántos años quedaron atrás,

cuando salir era suficiente,

cuando un niño podía ser niño,

un adolescente vivir su presente

y hasta un señor conversar amenamente!

Sin preocuparnos por los mensajes,

sin mirar a cada instante el celular,

podíamos compartir nuestras vidas,

reír, conversar y disfrutar,

sin sentir que algo nos llamaba

cada segundo, en cualquier lugar.

Y aquello que debía ser ayuda,

una herramienta para progresar,

se convirtió, para muchos,

en una cadena difícil de soltar.

Por eso, solo puedo agregar algo

que la experiencia me enseñó:

aunque algo pueda ser bueno,

en exceso puede ser perjudicial.

Y si de mi reflexión pasamos

a lo que la Palabra nos enseñó,

recordemos que el apóstol Pablo

nos invita a examinarlo todo,

a retener lo bueno

y apartarnos de aquello que nos aleja de Dios.

Porque no todo lo permitido

nos conviene por igual;

hay cosas que parecen inofensivas,

pero nos pueden esclavizar.

Y si algo comienza a gobernarnos,

si nos roba la paz y la comunión,

debemos preguntarnos seriamente:

¿está ayudando a nuestra vida

o está encadenando el corazón?

Pues no basta con ser libres por fuera

si vivimos cautivos en nuestro interior;

la libertad también exige dominio propio,

sabiduría, conciencia y amor.

Y si Cristo nos llamó a ser libres,

¿por qué volver a la esclavitud?

Que ninguna pantalla ni pasión desmedida

nos robe la paz ni apague Su luz.

Que la tecnología sea nuestra herramienta,

y no nuestra dueña ni prisión;

que podamos usarla con prudencia,

sin entregar nuestro corazón.

Porque la mayor de las cadenas

no siempre se puede ver:

es aquella que domina el alma

y no nos deja escoger.

Y hoy me pregunto, mirando al cielo,

consciente de mi fragilidad:

¿soy dueño de mis decisiones

o soy esclavo de una falsa libertad?