El espejo se quebró,
y mis manos con sus llagas.
De escarlata era mi sangre,
que violenta se escapaba.
Pero no creas que dolió:
los cristales me contaban
cómo se dice un adiós
con el agua derramada.
Y yo pensaba en tu amor
y en los cantos de guitarra,
en una voz que me hablaba
de aquellas noches lunadas.
Y vi un fuego con gran furia
que quemaba ya las ramas,
y con lágrimas la gente
poco a poco lo apagaba.
Y quedó el pueblo sin llanto;
la piel, color mortecino,
se hizo viento y se marchaba.
Y me dio miedo la noche,
con muchos ojos perdidos
que sin pupilas miraban.
Y se fueron a la mar
a ver si allí se sanaban.
Pero no encontraron paz
ni dónde tender la cama.
Y desnudos, sin abrigo,
cruzaron la gran montaña.
—¿Adónde se fueron todos,
que las casas van calladas?
—Es que se fue un amor,
con todo lo que quedaba.
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Autor:
Vicky Ley (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 21 de octubre de 2026 a las 01:25
- Comentario del autor sobre el poema: Un final puede ser devastador, pero tú decides por cuánto tiempo.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1
- En colecciones: Despedidas.

Offline)
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