El eco de mis pasos naufraga en estos
pasillos,
venas vacías de un gigante que se ha
quedado dormido.
Busco entre las sombras de las aulas,
recintos de tiza donde el tiempo se
detenía,
como un reloj de arena al que alguien, por
piedad, le selló el paso.
Recuerdo nuestras cabezas juntas,
racimos de ansiedad,
sobre los pupitres astillados antes del
examen.
Éramos náufragos aferrados a los
cuadernos,
mientras en la biblioteca —templo de
silencio y polvo—
las enciclopedias nos miraban con la
severidad de los siglos.
Éramos alquimistas de lo incierto,
buscando respuestas
que no estaban en los índices, sino en
nuestras propias risas.
¿Qué fue de aquellas mañanas de sol
filtrado?
El recreo era una patria libre bajo los
árboles;
gigantes verdes que nos prestaban su
sombra como un abrigo.
Allí, en las bancas que eran barcos de
cemento,
la merienda sabía a tregua y el refresco a
elixir sagrado.
Nuestras voces eran pájaros de fuego
cruzando el patio,
ajenos a que el calendario, verdugo
silencioso,
ya afilaba sus hojas para cortarnos el hilo.
Le pregunto al viento por la maestra de
historia,
que dibujaba imperios muertos sobre la
pizarra
sin saber que ella misma sería ceniza en
la memoria.
¿A dónde se fue la chica del pupitre del
fondo?
Aquel amor platónico que caminaba
dueña de la brisa,
con ojos como lunas donde yo anhelaba
naufragar.
Ella fue el poema que nunca me atreví a
escribir,
la metáfora de todo lo que la vida
prometió
y luego nos cambió por el olvido.
Corría el año 85 y el mundo era un libro
por estrenar.
Hoy, ante paredes descascaradas como
nuestra inocencia,
lanzo de nuevo la pregunta al vacío de la
tarde:
¿Dónde están, muchachos?
¿Detrás de qué oficina, de qué cansancio
o lejana frontera,
se quedaron guardados nuestros bultos
llenos de futuro?
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Autor:
Alcides R. Chavarría (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 20 de octubre de 2026 a las 16:47
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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