En alto se yergue Ayahuma, inviolable y dormido,
derrama letras rotas de un desconsuelo antiguo;
el bosque ya lo ha leído; el rumi no comprende:
confunde el canto claro con un sordo gemido.
Ajo Sacha se acerca, por el tronco ambiguo;
trae el chuya sami, mas el dolor no cede.
El fiel centinela ve llegar al nacido
y vierte su ponzoña sobre el fulgor exiguo.
No importa: la liana trepa el tronco contiguo;
su canto de catorce por el viento ha subido.
Ajo Sacha, sanador, de él se ha compadecido:
convierte el veneno en elemento sagrado.
Ve reptar Ayahuma por el brote contiguo,
que intenta asfixiarlo con su abrazo atrevido;
pero Ajo Sacha rompe y entierra, enternecido,
el pichay de su rastro, y le ofrece sosiego.
Trae la medicina, bella flor que la vida ofrenda;
del violeta al blanco muda el tejido herido;
el aroma fétido se rinde ante el alivio.
¡Ay, corazón de rumi!,Ajo Sacha, ¡comprende!
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Autor:
Mirta C. Sly (
Online) - Publicado: 18 de octubre de 2026 a las 11:18
- Comentario del autor sobre el poema: Enfoque de intercambio cultural: Inspirado en las rutas de intercambio que conectaron a los antiguos mochicas con los pueblos originarios de la selva, este poema une la métrica costera con el misticismo botánico del Ajo Sacha y el Ayahuma. Composición poética en forma mochica.
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 0
- En colecciones: Ensayando-ando.

Online)
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