Mirta C. Sly

Ajo Sacha y Ayahuma

En alto se yergue Ayahuma, inviolable y dormido,

derrama letras rotas de un desconsuelo antiguo;

el bosque ya lo ha leído; el rumi no comprende:

confunde el canto claro con un sordo gemido.

Ajo Sacha se acerca, por el tronco ambiguo;

trae el chuya sami, mas el dolor no cede.

 

El fiel centinela ve llegar al nacido

y vierte su ponzoña sobre el fulgor exiguo.

No importa: la liana trepa el tronco contiguo;

su canto de catorce por el viento ha subido.

 

Ajo Sacha, sanador, de él se ha compadecido:

convierte el veneno en elemento sagrado.

Ve reptar Ayahuma por el brote contiguo,

que intenta asfixiarlo con su abrazo atrevido;

 

pero Ajo Sacha rompe y entierra, enternecido,

el pichay de su rastro, y le ofrece sosiego.

Trae la medicina, bella flor que la vida ofrenda;

del violeta al blanco muda el tejido herido;

el aroma fétido se rinde ante el alivio.

¡Ay, corazón de rumi!,Ajo Sacha, ¡comprende!