Desde aquí veo el mar
y lo llamo mar porque no sé
qué otra cosa es.
Señalo una línea que no existe,
una orilla que retrocede cuando avanzo,
mis ojos cansados de mirar y no llegar.
Solo el sabor a sal, el brillo de las olas
y el roce del agua en mis tobillos
me hacen danzar entre la espuma.
Luego, despacio, como una concha,
caigo y me hundo
en estas aguas inquietas.
Lo demás,
lo que hay del otro lado,
lo dejo sin nombre,
que se funda entre la sal y la sospecha
de mi horizonte.
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Autor:
Luisa Arciniegas (
Online) - Publicado: 16 de octubre de 2026 a las 16:07
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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