Luisa Arciniegas

Entre la sal y la sospecha

Desde aquí veo el mar
y lo llamo mar porque no sé
qué otra cosa es.

Señalo una línea que no existe,
una orilla que retrocede cuando avanzo,
mis ojos cansados de mirar y no llegar.

Solo el sabor a sal, el brillo de las olas
y el roce del agua en mis tobillos
me hacen danzar entre la espuma.

Luego, despacio, como una concha,
caigo y me hundo
en estas aguas inquietas.

Lo demás,
lo que hay del otro lado,
lo dejo sin nombre,
que se funda entre la sal  y la sospecha
de mi horizonte.