LA LUZ DEL TERCER OJO

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LA LUZ DEL TERCER OJO

 

Existe un umbral donde la visión trasciende lo aparente,
 
un centro silencioso entre la frente y el espíritu,
 
donde lo visible y lo invisible se encuentran,
 
donde la conexión con todo lo que es se manifiesta clara.
 
Es el lugar sagrado, sutil y profundo:
 
el tercer ojo, la puerta de Ajna,
 
donde el alma despierta y reconoce su origen.
No se ve con los ojos del cuerpo:
 
se percibe con la claridad que nace desde dentro.
 
Allí se desvanecen las dudas que la mente plantea,
 
se disipan las nieblas de la confusión,
 
y lo que parecía distante se torna cercano y comprensible.
 
Es la visión que no engaña:
 
ve la esencia más allá de la forma,
 
la verdad más allá de la palabra,
 
el vínculo que une a todo ser vivo en un mismo latido.
Cuando se abre este centro,
 
se comprende que no caminamos aislados:
 
estamos tejidos con cuanto existe,
 
con la tierra que nos sostiene,
 
con el cielo que nos inspira,
 
con quienes nos precedieron y quienes vendrán.
 
La conexión espiritual no es un sueño lejano:
 
es la realidad más honda que nos constituye.
 
Sentirla es despertar a lo que siempre ha estado ahí:
 
que tú y yo, que todo lo que vive,
 
somos expresión de una misma luz.
Cultívala con calma, con pureza, con gratitud.
 
En el silencio fecundo, en la respiración serena,
 
en la intención recta y en el amor sin condiciones,
 
esta luz florece.
 
No requiere esfuerzo violento:
 
solo apertura, confianza y disposición sincera.
 
Y entonces verás con claridad que no hay separación:
 
todo está conectado, todo tiene sentido,
 
todo pertenece a ese todo del cual somos parte.
 

                                          Autor                                     

© NOAH SUBIN

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS

  • Autor: noasubin (Online Online)
  • Publicado: 16 de octubre de 2026 a las 00:06
  • Comentario del autor sobre el poema: El tercer ojo no ve lo que está fuera: descubre lo que siempre ha estado dentro, y todo lo une. El chakra Ajna es el faro interior que nos revela la unidad de la existencia. Cuando su luz se hace presente, la dualidad se desvanece y reconocemos en el otro a nosotros mismos, en el mundo el santuario que compartimos, en la vida un solo hilo sagrado que lo sostiene todo. No busques fuera lo que está en ti: esa visión es el regalo más alto de la conciencia despierta. Honra esa luz, cuídala, y déjala guiarte, porque por ella transita la sabiduría que trasciende el tiempo.
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 2
  • Usuarios favoritos de este poema: noasubin
  • En colecciones: Mios.


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