Cuando se abre este centro,
se comprende que no caminamos aislados:
estamos tejidos con cuanto existe,
con la tierra que nos sostiene,
con el cielo que nos inspira,
con quienes nos precedieron y quienes vendrán.
La conexión espiritual no es un sueño lejano:
es la realidad más honda que nos constituye.
Sentirla es despertar a lo que siempre ha estado ahí:
que tú y yo, que todo lo que vive,
somos expresión de una misma luz.