Como sombras nos movemos por el mundo.
Unas con siluetas nítidas, otras con los
bordes inseguros de penumbra.
Siempre buscando un faro de luz
que guíe nuestro camino: Dios, el amor,
la amistad, la belleza, la creatividad.
Una llama que prenda en nuestro interior
y nos aleje de la mortalidad anunciada,
que sea capaz de disolver esa oscuridad
que nos ancla demasiado al suelo.
Por eso veneramos los faros.
Sabemos que el destino más alto es
ascender por la espiral del autoconocimiento,
trepar por los peldaños invisibles del espíritu
hasta ese balcón elevado donde
nace con fuerza la luz.
Y desde allí contemplar la ciudad,
alumbrar el horizonte y ofrecer
a las naves perdidas un hilo luminoso
que las guíe en la noche oscura.
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Autor:
Ignis (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 15 de octubre de 2026 a las 05:31
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Online)
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