A la velocidad del alma
Frente al abismo mudo de las lentes,
donde la luz de ayer llega tardía,
asisto a la marea de ponientes
que enciende en negro la cartografía.
Lo que el cristal revela no me basta:
fuegos remotos, órbitas de hielo,
la fría vanidad que se desgasta
midiendo la distancia hasta otro cielo.
Por eso rompo el cálculo del ojo,
sin la medida del compás constante,
lejos del puerto inmóvil de la calma,
lanzo mis letras al confín que escojo,
venciendo al año luz en un instante,
a la exacta velocidad del alma.
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 14 de octubre de 2026 a las 04:47
- Comentario del autor sobre el poema: Este soneto nace de una contradicción que siempre me ha fascinado: cuando miro una estrella, lo que veo es luz del pasado. Esa luz ha tardado años, a veces siglos, en llegar hasta mis ojos, y quizá la estrella ya ni existe. El telescopio me acerca el universo, pero me lo entrega siempre tarde y convertido en cifras. En los cuartetos reconozco esa limitación. Lo que el cristal me revela es admirable, fuegos remotos y órbitas de hielo, pero no me basta. Medir la distancia hasta otro cielo me parece, al final, una forma de vanidad fría: saber cuánto nos separa de algo no nos acerca a ello. En los tercetos tomo otra decisión. Rompo el cálculo del ojo, dejo el compás y me alejo del puerto inmóvil de la calma, y lanzo mis letras hacia el confín que yo elijo. La palabra poética viaja de otra manera. Lo que la luz tarda años en recorrer, el alma lo alcanza en un instante. Sé que termino hablando de velocidad y de exactitud, y lo hago a propósito. Es un pequeño desafío: el alma también tiene su precisión, pero no es la del instrumento. Es la de la intuición, la emoción y la palabra, que llegan exactamente donde tienen que llegar sin necesidad de medir el camino.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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