Recuerdo el maldito desierto
dentro de la boca.
La noche
instalada en el cuerpo.
Y el vacío.
La cama
crujiendo:
ya no me sostiene
Insomnio.
Y el vacío que duele.
En una casa tapiada,
sin puertas.
Ni siquiera el gato
se quedaba conmigo.
Y el vacío que ahoga.
En el espejo,
esa cara
que no conocía.
Y el vacío,
ese vacío sordo,
que no me dejaba.
Llegaste.
El gato regresó.
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Autor:
Felipe de la Mata (
Online) - Publicado: 12 de octubre de 2026 a las 16:16
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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