Recuerdo el maldito desierto
dentro de la boca.
La noche
instalada en el cuerpo.
Y el vacío.
La cama
crujiendo:
ya no me sostiene
Insomnio.
Y el vacío que duele.
En una casa tapiada,
sin puertas.
Ni siquiera el gato
se quedaba conmigo.
Y el vacío que ahoga.
En el espejo,
esa cara
que no conocía.
Y el vacío,
ese vacío sordo,
que no me dejaba.
Llegaste.
El gato regresó.