Me descalcé en mis propias galerías,
harto de hurgar la sombra y el eco de los huesos,
de medir la estatura de mis melancolías
creyendo que eran templos, cordilleras, excesos.
Cerré el cerrojo ciego del pecho y de la herida,
empujé la cancela, salí a la claridad:
aquella inmensa selva que devoró mi vida
no era más que una hierba temblando en el erial.
Un hilo entre millones sobre la tierra abierta,
una brizna rendida bajo el viento común,
un murmullo minúsculo que al despertar despierta
sin más peso que el rocío sobre la luz aún.
Miro el tronco del roble: guarda su noche oscura;
la piedra del camino contiene su dolor;
cada bicho en el polvo sostiene su clausura,
su propio pozo ciego latiendo alrededor.
Ya no me pesa el alma; me basta ser orilla,
mirar pasar los ríos, la nube y el andar,
saber que mi universo apenas si es semilla
en este campo inmenso que aprende a respirar.
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 12 de octubre de 2026 a las 10:01
- Comentario del autor sobre el poema: Escribí este poema después de pasar mucho tiempo encerrado en mí mismo, dando vueltas a mis propias heridas hasta que llegaron a parecerme enormes. Las «galerías» son ese mundo interior donde medía mis melancolías como si fueran templos o cordilleras, convencido de que mi dolor era lo más grande que existía. Un día decidí salir. Cerré el cerrojo, empujé la cancela y miré hacia fuera. Y al hacerlo descubrí que aquella selva que me devoraba era solo una hierba temblando en el campo, una brizna entre millones. No lo viví como una humillación, sino como un alivio: mi dolor no desapareció, pero recuperó su tamaño verdadero. Luego miré el roble, la piedra del camino, el bicho que se mueve en el polvo, y comprendí que cada cosa guarda también su noche, su pozo, su dolor callado. Dejé de sentirme solo en mi herida. El mundo entero sufre y resiste a la vez, y esa certeza, lejos de entristecerme, me acompaña. Por eso el poema termina en paz. Ya no necesito ser el centro de nada. Me basta ser orilla, mirar pasar la vida y saber que mi pequeño universo es apenas una semilla en un campo inmenso que sigue respirando.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

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