La contemplación eterna
y un cerebro que trabaja
hasta en los feriados,
me hacen volver una vez más
al bendito al juzgado.
Salí de ahí por la tarde,
caminé ponderando la vida
en una balanza
como la de la justicia.
Sumida en pesadumbre,
seguía pensando,
hasta que en la otra vereda,
me vi caminando.
Me miré tanto que
la empecé a incomodar,
no quise acercarme
ni siquiera a hablar.
No caminó más rápido,
solo no detuvo el paso
mirándome de reojo
cada cierto rato.
Crucé la vereda
derritiéndose bajo mi piel
todo el dolor en la alameda.
Esto no puede ser en vano,
saqué de mi bolsillo
un habano.
Fumé y fumé
mientras la seguía por la calle
Observé sus pasos chuecos
su espalda chueca
su mirada seca.
Se me acabó el habano
y ella paró en seco.
Trató de dispersar el humo
y nos dolía la cabeza.
Me miré frente a frente
No doy tanto miedo,
parece.
Ambas afligidas,
ambas confundidas.
Me vi mirarme a mi misma,
y ella me entregó una nota
que decía con carisma
por favor, solo brota.
Alzó la voz, ya la conocía.
Me dijo ella sin rodeos:
"A fin de cuentas
¿quién escala la tribuna
si no son esas converse burdeo?"
"Si sales algún día de la corte,
ahí encontrarás a tu zorro culpeo.
Te empujará con su nariz,
a que vuelvas, y cultives tu huerto."
-
Autor:
Cali (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 11 de octubre de 2026 a las 19:32
- Comentario del autor sobre el poema: La otra vez también me encontré a mi en la calle, pero no quise acercarme tanto, porque siempre lo hago hasta que quedo agotada.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

Online)
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