Catalinaa

TrĂ¡mites

La contemplación eterna

y un cerebro que trabaja

hasta en los feriados,

me hacen volver una vez más

al bendito al juzgado.

 

Salí de ahí por la tarde,

caminé ponderando la vida

en una balanza

como la de la justicia.

 

Sumida en pesadumbre,

seguía pensando,

hasta que en la otra vereda,

me vi caminando.

 

Me miré tanto que 

la empecé a incomodar,

no quise acercarme

ni siquiera a hablar.

 

No caminó más rápido,

solo no detuvo el paso

mirándome de reojo

cada cierto rato.

 

Crucé la vereda

derritiéndose bajo mi piel

todo el dolor en la alameda.

Esto no puede ser en vano,

saqué de mi bolsillo

un habano.

 

Fumé y fumé

mientras la seguía por la calle

Observé sus pasos chuecos

su espalda chueca

su mirada seca.

 

Se me acabó el habano

y ella paró en seco.

Trató de dispersar el humo

y nos dolía la cabeza.

 

Me miré frente a frente

No doy tanto miedo,

parece.

Ambas afligidas,

ambas confundidas.

 

Me vi mirarme a mi misma,

y ella me entregó una nota

que decía con carisma

por favor, solo brota.

 

Alzó la voz, ya la conocía.

Me dijo ella sin rodeos:

\"A fin de cuentas

¿quién escala la tribuna 

si no son esas converse burdeo?\"

 

\"Si sales algún día de la corte,

ahí encontrarás a tu zorro culpeo.

Te empujará con su nariz,

a que vuelvas, y cultives tu huerto.\"