I
He aquí el comienzo del viaje.
Amanecer, hazte presente
entre la costa y mis ojos.
Sentado, en el frío domingo,
al borde del río aún oscuro
esperaré tu luz en el horizonte.
II
Benditos los amados,
porque ya han ganado
una parte importante del cielo.
Benditos aquellos que duermen abrazados
porque les basta despertar, y mirarse,
para decir que ha amanecido.
III
La poesía es un ejercicio silencioso
que se desprende del ser
como un brazo del río.
IV
Heme aquí entre oscuridades
que emanan de la soledad,
acariciado por el viento frío
de la primavera que aún no llega.
Tan sólo el agua del río
oye mi silencio, y me consuela.
V
Quien pudiera reír de alegría
como quienes disfrutan
de este paisaje
en compañía.
(Oigo sus voces, a lo lejos,
entre las luces de la calle
y mis palabras ausentes.)
VI
He transitado calles vacías,
idénticas a mi lecho,
iguales a mis pupilas.
VII
El sol ha nacido tras las nubes,
miré una tenue luz entre barcos,
suspiré y dije adiós a las aguas.
VIII
Largo caminar entre veredas quietas,
llego a la ciudad y su movimiento
para emprender el retorno.
(Volver no es más que una prolongación
de la soledad que hemos narrado.)
IX
Me sigo alimentando de tus calles
y de las miradas que pasan a mi lado.
Un día (lo aguardo con ansia)
esos ojos se verán más cerca
y tiernas manos se tomarán de las mías.
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Autor:
Alan (
Online) - Publicado: 11 de octubre de 2026 a las 08:20
- Comentario del autor sobre el poema: Poema N° 59.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Online)
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