Hoy nos encontramos
Quise decirte muchas palabras que no dije
y preguntas que nunca terminaron.
Pero callé, solo las pensé
Como si estuvieses escuchando.
Sonreíste. Yo solo te miraba.
Aún recuerdo.
Tú querías saberlo todo:
adónde iban mis pensamientos,
por qué sonreía frente a los libros,
qué buscaba cuando miraba por la ventana.
No todo lo que callaba era mentira.
Ni toda sombra
escondía un delincuente.
Tú ponías los celos sobre la mesa,
yo ponía mis razones,
y entre los dos
se nos enfriaba la vida.
¡Qué manera de desperdiciar el tiempo!
Mientras discutíamos una mirada,
la juventud recogía sus cosas
y se marchaba sin despedirse.
No existía otra mujer.
Pero tú seguías buscando
huellas en una carretera desierta,
midiendo mi sombra
con la exactitud de tus celos,
como si el amor fuera un crimen
y tú hubieras hecho de la sospecha
tu mejor instrumento de justicia.
Desconocías mis kilómetros,
mis derrumbes, mis regresos,
las fronteras que crucé para llegar a ti;
y pretendías ponerle límites
a un amor que había nacido sin aduanas.
No había nadie detrás de mis silencios,
ningún nombre escondido entre mis libros,
ninguna boca disputándote mis besos.
Pero tú seguías cavando.
Y lo más triste
era que buscabas una mujer inexistente
mientras tus propias manos
abrían la fosa
de un amor que no tenía medida.
Así fueron pasando los días,
entre tus sospechas
y mis kilómetros de silencio.
Hasta que sucedió
lo que se veía venir.
Hoy todo aquello quedó en el pasado.
Te miro, sonrío
y pienso que hay batallas
que se ganan dejando de combatir.
Pasado pisado.
Ahora seguimos por los senderos de la vida,
con menos preguntas,
menos equipaje
y más espacio para ser felices.
A veces recuerdo aquellos puntos suspensivos
y comprendo que no anunciaban una duda,
sino el final de una historia
que ninguno se atrevía a terminar.
Y si alguna vez me preguntas
qué quedó de todo aquello,
te diré que la vida siguió su curso
y que hasta las heridas
aprendieron a cerrar.
Porque hubo un tiempo
en que tus celos sepultaron nuestro amor.
Hoy nos queda la vida,
nos queda el camino
y nos queda la risa.
Y si algo aprendimos de aquella historia
es que ningún amor merece una cárcel
ni ninguna sospecha
el privilegio de convertirse en verdugo.
JUSTO ALDÚ © derechos reservados 2026
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 10 de octubre de 2026 a las 01:07
- Comentario del autor sobre el poema: Es solo una continuación de mi viejo poema CELOS dedicado a mi exesposa quien me celaba con la literatura. Hoy día volvimos a encontrarnos en medio de una emergencia nacional por el terremoto. Nos llevamos bien, mucho mejor de cuando eramos pareja.Bueno, así es la vida
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque

Offline)
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