Tus manos sabían arreglar todo.
No por fuerza, sino por paciencia.
Desenredabas collares,
abotonabas camisas ajenas,
quitabas el hueso del mango sin romper la pulpa.
Yo te miraba y pensaba:
así se debería amar...
sin romper la pulpa.
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Autor:
Alguien que aprendió (
Online) - Publicado: 10 de octubre de 2026 a las 00:15
- Categoría: Amor
- Lecturas: 2

Online)
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