Alguien que aprendió

Oficio

Tus manos sabían arreglar todo.

No por fuerza, sino por paciencia.

Desenredabas collares,

abotonabas camisas ajenas,

quitabas el hueso del mango sin romper la pulpa.

Yo te miraba y pensaba:

así se debería amar...

sin romper la pulpa.